miércoles 30 de noviembre, 2022
  • 8 am

75 años

Padre Martín Ponce de León
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Padre Martín Ponce de León

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Por el Padre Martín Ponce De León
Ustedes perdonarán que este artículo sea muy personal.
En estos días se cumplieron los 75 años del Obispo de la diócesis de Mercedes y se vivieron de una manera muy especial.
A los 75 años, los obispos deben presentar su renuncia puesto que así lo establece una disposición de la Iglesia.
Puede estar bien de salud y con deseos de continuar sirviendo pero igualmente debe presentar su renuncia.
Puede experimentar aún queda mucho por hacer pero igualmente debe presentar su renuncia.
Pueden sentirse voces que entonen “El Obispo no se va” pero igualmente debe presentar su renuncia.
No es una cuestión de ganas o gustos, es una disposición que debe cumplir y punto.
Ante tal hecho experimento la necesidad de, públicamente, manifestar mi gratitud para con él.
Venía de una realidad muy difícil como lo había sido, para mí, la parroquia donde había estado con anteriormente.
Venir a prestar mi pobre servicio en la diócesis de Mercedes ha sido un inmenso regalo de Dios y el Obispo ha tenido mucho que ver en ello.
Debo reconocer que todo este tiempo he podido conocer una realidad que me resultaba desconocida pero que me ha permitido sentirme muy a gusto.
En diversas oportunidades hemos podido conversar y siempre encontré una voz de aliento y de confianza que me animaba a transitar por caminos que me resultaban descubrimientos y desafíos.
Ha habido oportunidades en que me sentí hablando en un idioma que no era el común pero nunca me lo reprochó ni pretendió modificase el rumbo asumido.
También he podido encontrar un grupo humano que supo darnos sus manos para ayudarnos en una tarea que pedía compromiso y dedicación.
En oportunidades he pasado por su casa por el sólo hecho de saludar, en oportunidades para realizar algún comentario o plantear alguna interrogante y no han faltado las veces en que mi visita era para solicitar algo y, siempre, fui recibido con fraternidad y cordialidad.
Gracias a él he podido conocer lugares del departamento que, de lo contrario, no habría podido conocer.
Tal vez nunca hubiese ido a los barrios de una parroquia vecina para los que me solicitó diese una mano. Tal vez nunca hubiese ido a unos pueblos de la campaña para los que me solicitó diese una mano. Quizás nunca hubiese ido a una ciudad vecina a dar una mano.
He asumido esos compromisos con el compromiso de brindar lo mejor de mí como una forma de agradecer lo mucho que, personalmente, me estaba enriqueciendo con lo que llamo “la experiencia de Mercedes”
Hay cosas que se me han grabado e intento hacer experiencia vital como aquellas dos frases suyas. “No se olviden de los pobres” “La evangelización comienza con la humanización”
Le debo agradecer, también, los ejercicios espirituales con el clero de la diócesis. Una realidad enriquecedora y que me ha ayudado a integrarme al presbiterio local. Un clero muy diverso en cada uno de sus integrantes pero de puertas abiertas y de calidez humana.
Sí, tengo mucho para agradecerle y, quizás, nunca lo haga con palabras puesto que les mismas me cuestan pronunciar.
Sí, tengo mucho para agradecerle puesto que este tiempo ha sido muy rico en enseñanzas a nivel humano, sacerdotal y espiritual.
Continúo siendo muy limitado en mi capacidad sacerdotal pero, sin dudas, sé que me he enriquecido muchísimo en todo este tiempo en el que me han permitido estar.
Gracias Carlos. Tus 75 años es una oportunidad para hacer público mi sentir.