domingo 16 de junio, 2024
  • 8 am

Manuel Flores Mora

Leonardo Vinci
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Leonardo Vinci

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Por Leonardo Vinci
Hace pocos días se cumplieron 38 años del fallecimiento de Maneco.
Sin duda que tan ilustre personalidad es merecedor de homenajes.
Y precisamente en este año- que se cumple el centenario de su nacimiento- la Junta Departamental de Montevideo analizó un proyecto de Decreto para incluir su nombre en el nomenclátor urbano.
Tras expedirse la comisión correspondiente, el plenario del legislativo votó por unanimidad la resolución propuesta. Al respecto, ha dicho su hijo, el ex senador Manuel Flores Silva que ello habla bien de un país, donde los que han trabajado por el bien de todos reciben el apoyo de todos.
Bueno, de casi todos.
El homenaje propuesto para recordar a Manuel Flores Mora, reconocido Diputado, Senador y Ministro, se fundaba en su decisiva tarea periodística contra la dictadura, demoliendo semana a semana en el semanario Jaque (antes en El Día y El Radical) la base argumental e ideológica del autoritarismo.
La misma Intendencia ya lo había homenajeado en una placa que puso en 18 de julio y Ejido, dónde era la sede del semanario Jaque, en reconocimiento a la labor contra el despotismo de Jaque y de Maneco.
En realidad homenajear a Maneco es homenajear la conciencia republicana del país a la que él ayudó a vertebrar en tiempos anti republicanos y difíciles.
Ha explicado Flores Silva que una vez que la Junta Departamental de Montevideo aprueba una iniciativa de esta naturaleza, tiene que refrendarlo la propia Intendenta de Montevideo, quién semanas después hizo trascender en la Junta Departamental de Montevideo que no lo iba a ratificar ni validar.
Y fue precisamente esta actitud la que llevó al ex senador a decir que para la Intendente de Montevideo «nadie que no sea de su bando merece reconocimiento alguno. Todo adversario, aún muerto, es enemigo. Concibe la política como una acción de odio. La eliminación del enemigo es su lógica. Es el mensaje básico de intolerancia total de la nueva cúpula del Frente Amplio. Línea que, inevitablemente, alejará a esa corriente política del poder.
Los admiradores de Cuba, de Maduro, de Nicaragua y de todo liberticida suelto que aparezca funcionan así. Almas chiquitas. Tienen una cabecita binaria que jamás se levanta por encima de la mediocridad y de la inquina. El otro, en su visión, es maligno y solo le cabe la extinción y la extirpación. A eso se dedican. Son retroceso moral.
¿Y si ganan? ¿Y si logran establecer un país donde los enemigos no pueden existir, un país solo-de-ellos? Este Frente Amplio del Pacha, del Boca, de Fernando Pereira, de Cosse, del impostado Bergara (y su canal de televisión), vive la locura de la eliminación del enemigo. Van al precipicio. Hay que salvar al país de ese radicalismo que no tiene nada que ver con Seregni, Vázquez o Astori.
La Intendenta se crió admirando al sistema más homicida en la historia de la especie humana: el socialismo real. De ahí viene. Representa la cancelación de la tolerancia nacional. Ella o el país del respeto.
Cómo no entienden al país, el país no los entenderá a ellos. Portan el signo de esa maldición: el desprecio que emanan es el desprecio que los envenenará. Rompen con la uruguayidad y su tolerancia con su filosofía del rencor, del aborrecimiento y de la malquerencia. Su odio será un boomerang que un día los desaparecerá.
La Intendenta no lo ve pues su vanidad es muy grande y notoria. ¿Cómo expresarlo? Tal vez así: el fanatismo, el engreimiento, la jactancia, la suficiencia, la petulancia de Cosse es tan grande… que es mayor incluso que el sobreprecio por tres del Antel Arena. Casi imposible pero lo logra».
Mi amigo y viejo compañero, «Manolo» ha dicho también que estamos viviendo «La hora de las pequeñas almas ruines».
Comparto todo lo que ha escrito. No le quito ni un punto ni una coma. Hago mías sus expresiones y las comparto con los lectores: «Maneco, este aniversario es sin calle y con bruja. Que no sabe ni recuerda lo que peleaste por los derechos vulnerados en la dictadura. Entre otros, y con riesgo, de los del bando de la bruja. Me acuerdo ahora, Maneco, de cuando entraste en la noche a un recinto militar -clandestinamente conducido por un médico- y sacaste la autopsia de Roslik, la que permitió en dictadura aclarar aquel caso emblemático. Me acuerdo ahora de cuando pediste la libertad de Sendic o del encumbrado dirigente comunista Massera. Me acuerdo ahora, Maneco, de cuando pediste la amnistía general e irrestricta, en la sala de la Convención batllista. Sacudías a la sociedad y a la dictadura en pro de derechos ajenos a los tuyos, lo que la miseria de ahora no entiende. Es el tiempo del desprecio, la hora de los roedores. Los republicanos no peleamos solo por los republicanos. Peleamos por los derechos de todos. También de los impresentables, intelectual y moralmente. La historia los barrerá pues son anécdota anodina».