martes 18 de junio, 2024
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Los héroes del Quebracho

Leonardo Vinci
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Leonardo Vinci

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Por Leonardo Vinci
Girones de honra y gloria, flameando en el picacho; que envuelve la tormenta y azota el huracán. Las sombras de los héroes que nos robó el Quebracho. Al pie de los Palmares, erguidos hoy están! (Magariños Cervantes)
Los grandes ideales exigen grandes sacrificios. Mariano García decía que para conquistar el derecho de ser libres, los pueblos pagan tributo de sangre generosa. Para afianzar o reconquistar las libertades públicas, los sacrificios personales, más que necesarios, son obligatorios; así lo comprendía Teófilo Gil, y por ello, ni fue esquivo de su talento, ni mezquino de su sangre para defender hermosos ideales.
Para Juan Carlos Blanco, morir en el Quebracho un 31 de marzo fue un acto de estoicismo, impuesto como única solución a selectas vidas en determinadas épocas de los pueblos en que se cierra todo camino a la esperanza y en que las libertades públicas parecen llegar a su última hora; pero alzarse fuerte y soberbio en medio del desfallecimiento general, cuando el estupor y la duda se ciernen hasta en el aire que se respira, es acción viril, es acción fecunda, es mostrarse por faz excepcional que marca a los elegidos de las sociedades y que los consagra como grandes ciudadanos, como mártires o apóstoles de una idea.
Decían sus amigos que había en Teófilo Gil la firmeza del carácter, el brillo del talento, el colorido del estilo, la discreción del pensador, la erudición y la abnegación cívica. El tipo de los ciudadanos que encarnan tales cualidades y virtudes es raro en la especie y cuando todavía viene a realzarlo el sacrificio, la generación a quien han honrado les debe, sin aguardar a la posteridad, la apoteosis de la gloria.
El Diario «La Reforma» de Mercedes publicaba, después de la batalla del Quebracho, que la protesta ardiente de Gil, inspirada ante las desgracias nacionales, caía como gotas de plomo derretido, en el corazón del déspota y como chispas eléctricas sobre el alma de las masas populares, dispuestas a unirse en movimiento colectivo para arrojar de sus espaldas el ominoso yugo del más despreciable de los tiranuelos: el yugo del General Máximo Santos.
El Dr. Pablo de María decía que para honrar los despojos de un muerto ilustre, como Teófilo Gil, fraternizamos aquí ciudadanos de todas las filiaciones políticas, reconociendo así que el patriotismo es la verdadera religión cívica en la que pueden y deben comulgar juntos todos los hombres de principios, sin más bandera que la bandera nacional.
A su vez, «La Tribuna Popular» publicaba que, en esas circunstancias: no caben distinciones de partidos. La juventud de su patria sabe que antes que partidario fue aquel gran ciudadano, un gran patriota. Por eso es que ante esa tumba gloriosa se reúnen todos los buenos, a rendir el tributo de gratitud a que son acreedores los ciudadanos que, como Gil, todo lo sacrifican en aras de la patria a la que legan el brillo de un nombre glorioso, el caudal más preciado de los pueblos libres.
Caíste como bueno en la pelea
Al pié de tu bandera!
La metralla apagó tu palabra gigantesca
Mas, vencido en la histórica batalla
La multitud te busca y aun te halla
Vencedor en el mundo de la idea.
(Miguel Malmsten)