lunes 22 de julio, 2024
  • 8 am

Baltasar Brum

Leonardo Vinci
Por

Leonardo Vinci

156 opiniones

Por Leonardo Vinci
El próximo 31 de marzo se cumplirá un nuevo aniversario de la muerte del ex Presidente de la República Dr. Baltasar Brum.
Revisando viejos papeles en la Biblioteca Nacional, leí una editorial del diario El Litoral de Concordia, publicada pocas horas después de su fallecimiento.
El artículo- que compartiré con ustedes- es un valioso elemento que permite conocer la visión que se tenía de Brum más allá de nuestras fronteras en aquellos días.
«Movido el brazo inexorable por un pensamiento, cuyas causas determinantes escapan todavía a la comprensión, puso fin a su vida uno de los más brillantes hombres públicos de la vecina República Oriental. Ello, no obstante, las circunstancias que precedieron al momento fatal, nos presentan al Dr. Brum en un gesto de pundonor, adaptando así la vieja ley que cumplen los nautas al zozobrar sus navíos. La dramática desaparición de ese hombre, por más de un concepto ilustre, en la plena madurez de su cultivado espíritu, trae a la memoria los románticos suicidios de los caballeros japoneses. Porque acaso no fuera el íntimo dolor de ver en mengua sus ideales, en derrota su reciente actuación pública o la perspectiva de saber dispersos a los amigos fieles, sino una actitud de protesta, sublime en la magnificencia del sacrificio.
Tenía a la sazón el Dr. Brum cincuenta años, y poseía títulos honoríficos de varias universidades, institutos científicos y sociedades sudamericanas, cuyos países visitó, especialmente invitado por los respectivos gobiernos, siendo ministro de Relaciones Exteriores. También en los Estados Unidos, en ocasión análoga, fue distinguido. Bastará esta sintética referencia para enaltecer la descollante personalidad de un hombre que a los 30 años fue ministro en su país, cargo que ocupó repetidas veces, y a los 36 llegaba a la primera magistratura.
Uno de los aspectos más interesantes de la multiforme labor del Dr. Brum como estadista, es su teoría del «arbitraje amplio», que, sin lugar a dudas, nació en un congreso estudiantil celebrado en Montevideo durante los primeros meses de 1908, cuando era aún alumno de la Facultad de Derecho, el que más tarde había de desarrollarla y completarla desde el gobierno, con los tratados internacionales que concertó en tal principio inspirados, y en las visitas a los países del continente.
En cuanto a su aparición en la política, fue en 1910 en una controversia que se desarrolló en un teatro de la vecina ciudad de Salto, defendiendo la gestión durante el período que terminara tres años antes, del presidente José Batlle y Ordóñez, entonces ausente en Europa.
Además de las memorias de los ministerios que ocupó y de los mensajes presidenciales de inauguración de períodos legislativos, es autor de «El derecho a la vida», «La doctrina del arbitraje amplio», «La solidaridad americana», «La solidaridad mundial», «La paz en América», «El ejecutivo colegiado en Uruguay», «Los derechos de la mujer» y una copiosa labor periodística».