martes 18 de junio, 2024
  • 8 am

¿Caos en la Fiscalía?

Fulvio Gutiérrez
Por

Fulvio Gutiérrez

209 opiniones

Por el Dr. Fulvio Gutiérrez
La Asociación de Abogados Penalistas emitió un comunicado a la “opinión pública”, motivado por las situaciones que “afectan sustancialmente la imagen, credibilidad y funcionamiento de la Fiscalía General”, “lo cual demuestra la necesidad imperiosa que el sistema político adopte las medidas adecuadas para terminar con este estado e imagen de caos institucional”. Esta calificación reviste enorme gravedad. Entonces me puse a hacer comparaciones, que no son “odiosas” como dice la generalidad de la gente, sino necesarias para ubicarnos en determinadas situaciones y tratar de mejorar las cosas.
Cuando comencé a ejercer mi profesión de abogado a mediados del año 1975, el Fiscal Departamental en Salto era el Dr. Ruben Etchart, y su secretario y único funcionario era el Sr. Víctor Manuel Sueta. La fiscalía estaba en el segundo piso del Palacio de Oficinas Públicas, Artigas y Treinta y Tres, por el pasillo al fondo, en una esquina del enorme edificio. Al ingreso había una pequeña salita de entrada donde en una mesa, una silla y una vieja máquina de escribir, se instalaba don Víctor Manuel Sueta, el muy eficiente secretario del Fiscal Etchart, y donde los abogados recibíamos las informaciones que solicitáramos de los asuntos a nuestro cargo y, si correspondía, nos permitía ingresar al escritorio mayor donde trabajaba y atendía el Dr. Etchart. En ese ambiente austero, silencioso, sencillo, el Dr. Etchart evacuaba las “vistas” en la multiplicidad de expedientes vinculados a todas las materias jurídicas, porque en aquella época no había fiscales especializados. Lo hacía con precisión, con enjundiosos fundamentos, y en muchas ocasiones con una profundidad jurídica que los transformaba en antecedentes para situaciones similares. Algo así como una “jurisprudencia de fiscalía”. Era notorio en el foro salteño, que los informes del Dr. Etchart, eran compartidos por los magistrados a la hora de tenerlos en cuenta para dictar sus sentencias.
En ese ambiente, no ingresaban los medios de comunicación, y jamás supe que algún periodista hubiera solicitado hacerle una entrevista al Fiscal Etchart. Sabían cuál era el límite entre lo reservado de las situaciones jurídicas para las partes, y la publicidad.
Comparo entonces aquella época, con la necesidad mediática que tienen algunos fiscales actuales, aprovechada por algunos medios de comunicación que buscan la “primicia” a cualquier precio, y el combo está completo. El primer “gran mediático” fue el ex Fiscal General, Dr. Jorge Díaz. Posteriores muestras de ese nocivo ejemplo se vieron con la fiscal Darviña Viera, a cargo la denominada “Operación Océano”, que tenía una especie de atracción enfermiza por acercarse a cuanto micrófono o cámara anduviera en la vuelta. Su necesidad de tener prensa, sus graves errores de procedimiento, y los reiterados cuestionamientos de los abogados defensores, llevaron a un estado de cosas, que terminó siendo excluida del caso por el Fiscal General. Luego vinieron otros fiscales que pretendieron continuar la costumbre de la Dra. Viera, y fue el comienzo del “caos”. Ahora el tema hizo eclosión con la conducta de la Fiscal Gabriela Fossati y el denominado, “caso Astesiano”. Reiteradas y contradictorias declaraciones a los medios de prensa que exterioriza una inestabilidad emocional, además de sus antecedentes de problemas con sus compañeros de trabajo y la discusión aun no aclarada con el Fiscal Romano. ¿Hubo violencia de Romano hacia Fossati? Cuando no pudo manejar la situación que había creado, pidió que la excluyeran del caso y se lo negaron. Cuando pidió continuar en el caso, la excluyeron. Cuando pidió licencia por enfermedad, luego por dos veces pidió volver a trabajar antes de que venciera la licencia. A esto se suma la clara injerencia de la política partidaria, las filtraciones de información reservada, la ineptitud del Fiscal General para ordenar el caos y que éste dejara de ser tal, su provisoria situación institucional, la severidad para sancionar a algunos fiscales y no a otros, la excesiva demora en resolver notorios casos que pueden involucrar a la clase política, lo que hace de esta situación un caos. Justo es decirlo que no son todos los fiscales, sino una minoría. Pero como siempre, los malos hacen ruido y los buenos trabajan en silencio.