jueves 30 de noviembre, 2023
  • 8 am

El fenómeno Milei

Fulvio Gutiérrez
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Fulvio Gutiérrez

180 opiniones

Dr. Fulvio Gutiérrez
La terrible realidad política, económica, financiera y social que vive la Argentina en estos momentos, ha dado origen a una serie de situaciones que resulta difícil de explicar, y entender. Es un país rico, que tiene todos los climas, cuyo territorio fue considerado hasta no hace mucho el granero del mundo, que tiene una infraestructura comercial e industrial de primera línea, que tiene petróleo y gas natural propios, con abundantes reservas de litio, con un enorme potencial en energías renovables, y grandes posibilidades de desarrollos en subsectores de manufacturas y recursos innovadores de alta tecnología. Hoy está con una inflación del 120 %, el 46.6% de su población está bajo el índice de pobreza, con una deuda externa de U$S 147.784 millones de dólares, y ha perdido su credibilidad a nivel mundial por los incumplimientos en serie de sus obligaciones financieras. Ya nadie le fía y cuando lo hace, le impone condiciones extremas que afectan inclusive su propia soberanía. Gobernantes corruptos e ineptos la han llevado a esta increíble situación, y hoy solo siembran planes sociales y cosechan parásitos.
Argentina tiene un presidente que no preside, un ministro que oficia de presidente sin serlo y sin que nadie lo haya elegido, una vicepresidenta que manda detrás de bambalinas y que ha sido denunciada penalmente en varias oportunidades, y una corrupción que no tiene comparación. En ese entorno, donde solo el 9% está de acuerdo con el gobierno (aunque en las pasadas elecciones lo votó), se acaban de hacer las elecciones internas de los partidos políticos (las PASO), surgiendo como más votado un diputado novato, que lidera un espacio político al que denomina “La Libertad Avanza”. Se lo ha calificado como de extrema derecha, y se autocalifica como liberal libertario, con ideas concretas, claras y precisas que han impactado en el pueblo argentino, y que ha obtenido el 31% de los votos emitidos en esas elecciones internas, superando a los políticos tradicionales. Ganó en dieciséis provincias, pese a que se dijo que no tenía una estructura y un aparato adecuado, y en algunas provincias ni siquiera tenía candidatos. El economista Javier Milei, de 53 años, hoy es candidato a la presidencia de la Nación Argentina. Se caracteriza por sus fuertes insultos a sus rivales y su lenguaje soez y agresivo a la hora de expresar y debatir sus ideas y creencias, que discute con vehemencia con sus entrevistadores y los apabulla con argumentos fundados. Este fanático de la economía de mercado, admirador de Bolsonaro y de Trump, promueve una sociedad que garantice la libertad individual, los derechos de propiedad, y un estado limitado en sus facultades, favorable a los acuerdos privados, y que se utilice la fuerza solo para la protección de esas libertades individuales, puede ser el presidente de una Argentina caótica como la actual, donde el pueblo ya no sabe en quien creer y está muy enojado con la clase política. Milei crece con fuerza en las encuestas y se lo da como un seguro participante entre los dos que pelearan la segunda vuelta. Milei y Massa, dicen. Siempre que haya segunda vuelta.
En cierta forma es un “fenómeno”, como también lo es la propia Argentina. Aquel fenómeno es consecuencia de este fenómeno, en la medida que el pueblo ha dado su apoyo en forma casi desesperada a un hombre en cierta forma desconocido, que no encaja en el perfil del político típico, quien promete cambios y soluciones que nadie esperaba, con una lógica que en verdad ha convencido por lo menos la tercera parte de la ciudadanía argentina. Basa su candidatura en que “una Argentina distinta no es posible con los mismos de siempre”, utilizando lo que ahora se denomina “discurso antisistema”.
Algún despistado opinólogo, se ha preguntado si se puede dar en el Uruguay un “caso Milei”. Rotundamente no. Nuestra realidad está muy por encima y muy lejos del caos argentino. La estabilidad política que tenemos, y sus consecuencias económicas, financieras y sociales son ejemplo en toda América, y así se lo reconoce. El ejemplo argentino debe ser tenido en cuenta para jamás copiarlo. Esta advertencia va para los políticos, y también para la ciudadanía toda.