lunes 4 de marzo, 2024
  • 8 am

Cuando los demás le llaman “rar@…”

Gisela Caram
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Gisela Caram

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Ps. Gisela Caram.
Hay chicos que, desde su más temprana infancia, muestran rechazo en el salir a jugar con otros, se muestran con escasas amistades Y CON UN RECHAZO CLARO A TODO LO SOCIAL, desde la etapa escolar. Si bien hay padres que se preocupan porque los niños se integren, les buscan otras actividades, intentando que encuentren algo que les guste, y donde puedan ir generando confianza en sí mismos, muchas veces estos esfuerzos son inútiles. Arrancan algo nuevo, pero pronto aparecen mil excusas para no ir más. Otras veces, los padres no le dan mayor trascendencia porque admiten que alguno de ellos, era así de chico… Al ser más introvertidos, pasan malos momentos en la escuela donde otros niños, agravan estos casos al burlarse o excluirlos de los grupos. El bullying, del que son presa fácil, va marcando aún más su personalidad y sus memorias, dejando registros de una infancia dolorosa. Estos niños se sienten diferentes, se dan cuenta que no se pueden integrar y padecen, cada vez que tienen un cumpleaños, o cualquier tipo de reunión social. Aun estando en reuniones familiares, fuera de su núcleo habitual, les cuesta hasta saludar a sus tíos, primos, etc. En los últimos años, cada vez más las redes sociales son un escape legítimo para este tipo de personalidad. Al llegar a la adolescencia aparece con más fuerza la reclusión. Y, la tendencia al aislamiento, más crónica. Toda conexión, así sea para jugar en red, o chatear, les sirve para decir que igual tienen amigos, virtuales. La realidad es que no les interesa involucrarse ni hacer un vínculo profundo con nadie. La vida de estos jóvenes está marcada por un gran desinterés. Nada es lo suficientemente interesante como para sacarlos de este lugar. La retirada social, lleva a actividades solitarias, aisladas. La sexualidad es casi nula. La distancia que va poniendo con sus pares y su familia también, que muchas veces ya no saben cómo sacarlos de su confinamiento. Si salen de su sitio, se sienten muy incómodos. Son muy observadores y están atentos a cualquier frase que el otro emita, pues generalmente lo sienten como un ataque a ellos, desde la gran hipersensibilidad que tienen. Cuando se instala este tipo de personalidad y por qué. Quizás estos aspectos se empiezan a construir desde muy chiquitos, casi antes de los dos años. Son niños que superponen dos etapas del desarrollo emocional, mantienen un vínculo muy apegado a la madre, gran dependencia y frustración, y además sienten el peligro de ser controlados y dominados por la mamá, Por otro lado, también sienten gran temor por el padre y a ser agredido por éste. Esto lleva al niño a someterse a ambos padres, para evitar la agresión. Por supuesto que esto no tiene que ver con que la madre o el padre sea de tal o cual forma, son procesos internos que se arman en la mente infantil. Se va armando su subjetividad, de acuerdo al vínculo que va haciendo con los padres. Al llegar a la adolescencia, rechazan los esfuerzos de los otros por ayudarlos. Si bien buscan la intimidad, hay temor. Por un lado, porque observan mucho a las personas, e interpretan cada palabra o gesto en forma minuciosa. Y como tienen una imagen de sí mismos, caótica, toman distancia de sus pares. Esto, más sus vivencias infantiles, lleva a poner esa distancia afectiva, para protegerse. Algunos, aunque sí tienen algunos amigos, los mantienen a distancia. El afecto y su forma de manifestarlo también es diferente. Porque a veces, por ejemplo, al estar enojados, van manifestando sus irritabilidades, de a poco. Sacan el malestar, parece que se les pasó y a la hora otra vez y así… Sin bien no es fácil, capaz lo mejor si los maestros o quienes rodean al niño, detectan estas características, puedan cuidadosamente manifestárselo a los padres, para que se haga la evaluación e intervención correspondiente, lo antes posible. Si el diagnóstico técnico es Trastorno de Personalidad Esquizoide, hay que ocuparse…