sábado 2 de marzo, 2024
  • 8 am

Somos lo que aprendemos

César Suárez
Por

César Suárez

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Por el Dr. César Suárez
Todo ser vivo nace a la vida sin conocer nada acerca del entorno donde acaba de llegar, cada uno trae consigo los instintos y los automatismos que la naturaleza le ha provisto para poder sobrevivir, respira, reclama alimento, grita o llora para buscar la atención del que está cerca o de todos los que los rodean, algunos seres vivos ya nacen con el desarrollo suficiente para buscar por si mismos el alimentos pero los seres humanos, al momento del nacimiento y por un tiempo prolongado, somos totalmente dependientes para poder sobrevivir.
Una vez que llegamos a la vida, ya, tenemos, genéticamente determinada, una personalidad que los que nos cuidan rápidamente van descubriendo (es tranquilo, es nerviosos, es amistoso, es cascarrabias), características que son propias de cada uno, pero a pesar de todo, apresuradamente comenzamos a aprender cosas del entorno que nos toque, aprendemos de límites o de consentimientos que generan los que nos rodean y en la medida que vamos creciendo tenemos la ineludible tendencia a ir imitando todo y tomando del entorno, conductas y valores que inevitablemente nos van impregnando y van modelando nuestra personalidad.
En la actualidad, se comienza a socializar temprano, (Caif, Jardines de Infantes, cumpleaños) y en la adolescencia ya comenzamos a tomar nuestra independencia y a interactuar con otros jóvenes nos vemos obligados a aceptar ciertas modalidades de conducta para ser aceptado por el resto y nos vamos mimetizando a semejanza del conjunto y a esa altura nos resulta demasiado difícil razonar afuera de esa “caja”, por esa razón, cada sociedad de cada lugar tiene su impronta que lo suele distinguir de los demás pero también, cada vez más estamos fuertemente influidos por la globalización que nos impregna desde los innumerables herramientas globales de comunicación.
Hay un gran porcentajes de personas que tienen la oportunidad de convivir con una familia organizada y se mimetizan con la misma y suelen adquirir una filosofía de vida uniformizada pero hay otro núcleo que desarrollan su vida en ámbitos disruptivos, con limitaciones, sin apoyo, sin hábitos organizados, en situación de pobreza extrema, en ámbitos de violencia, sin oportunidades y ahí la mimetización es con otra filosofía por las carencias, por la falta de oportunidades con la tendencia a imitar lo que ven en su entorno y dónde es fácil transitar hacia el delito.
Cada uno de nosotros somos de acuerdo a los modelos que no envuelven, por esa razón en muy difícil modificar el entretejido del que formamos parte y del que nos impregnamos durante nuestra formación.
Todo estos nos hace pensar que el Estado tiene que jugar un papel trascendental desde los planes de enseñanza muy temprana sobre todo en las áreas de contexto crítico donde se deben desarrollar centros de tiempo completo, para que los niños puedan permanecer muchas hora en un ámbito adecuado y donde se les proporcione alimentación saludable para facilitar un desarrollo físico y cerebral que les permita razonar en iguales condiciones que el resto de la sociedad para buscar oportunidades muchas de las cuales debieran ser gestionadas por el Estado.
La otra cara del mismo tema, es la omisión, que, al no gastar recursos en la formación equitativa de los desposeídos, habrá que gastarla después en la construcción de más cárceles y el mantenimiento y cuidado de miles de presos que a su vez tienen hijos que termina por ver el delito como una opción porque nadie le proporcionó ninguna otra oportunidad.
Pero la realidad es que hay sectores donde el tejido social está sumamente deteriorado y costará muchos años repararlo, pero cuanto más se demore en acelerar hacia ese rumbo, seguiremos invirtiendo fuetes cifras para en mantener encerrados a los que no encontraron el rumbo.