lunes 4 de marzo, 2024
  • 8 am

Cuando el enojo “te puede”…

Gisela Caram
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Gisela Caram

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Ps. Gisela Caram
Alguna vez pensaste, ¿qué te enoja? Si te pasa, cuando alguien te marca aspectos de tu persona que no son tan positivos… ¿Te enoja que los demás piensen diferente que vos? ¿o quizás, que hagan las cosas distintas a cómo vos las harías? Quizás piensas que tu forma es la mejor… Tal vez te enojan cuestiones como, por ejemplo, que los demás no sean tan puntuales… O capaz que te critiquen porque no sos tan puntual como ellos… Seguramente puede que no te veas como los demás te ven. Puede que te enojes porque le dieron en la tecla. Otra que te enojes, porque no te conoces bien.
Cuando uno se conoce a sí mismo, el manejo de sus emociones y las reacciones defensivas, pueden ser expresadas en forma natural. Si tengo un autoconocimiento de mi mismo, puede que los comentarios, la mirada de los otros, las observaciones, puedan ser recibidas como un aporte para el crecimiento personal. Si bien es importante cómo nos dicen las cosas, la forma, el tono, si fue delante de otros, si fue en forma de broma, hay comentarios que a veces nos hacen sentir agraviados y la intención del otro no fue la de ataque.
El enojo delata angustia. Porque da cuenta de emociones que no se pueden controlar. Al enojarnos nos alejamos. ¿Cuántas cosas se actúan bajo el dominio del enojo? Sin duda que muchas son las situaciones donde el enojo domina la cancha. Lo importante es conocernos y manejar nuestras emociones defensivas. Entender que algo nos provocó malestar y ya está.
No quedarse anclado en eso, sino poder seguir adelante en paz. El enojo es una respuesta natural, frente a algo disgustante y es PASAJERO. Cuando no lo es, al punto de quedarnos en esa maraña de pensamientos negativos y ensimismados, que van más allá del comentario del otro, nos podemos estar acercando a terrenos oscuros. Caminar en la cornisa del enojo, conduce a no tomar decisiones asertivas, a alejarnos, separarnos y hasta violentarnos, es decir, a romper un vínculo. Puede llevar a actuar sin pensar, impulsivamente, a cuestiones irreparables. Si, pueden llevar a una conducta violenta. Y la violencia no solo pasa por cuestiones físicas, sino también por el destrato, la descalificación, la anulación, la amenaza al otro.
Entre los factores de riesgo que pueden llevar a este extremo están: -los problemas en la comunicación (el no decir las cosas en su momento e ir juntando situaciones en forma silenciosa, lleva a que se acumule y se estalle en algún momento). – El contexto socio-cultural (cuando se vivió toda la vida en climas de violencia, se van naturalizando situaciones, reproduciéndose de manera inconsciente) – los mitos que existen en torno al amor (“quien bien te quiere, te hará sufrir”; “si te cela, es porque te quiere”; “si te controla celular, tus Me Gusta, es normal, es lo que todo el mundo hace”, etc.) -la inestabilidad afectiva -los consumos problemáticos (todos los excesos, llevan a cambios de humor y por ende de conducta) El enojo es una reacción natural, defensiva, que es pasajero, efímero.
La violencia que se puede desencadenar si no se puede “hacer punto”, es irreparable. Las respuestas de las personas a situaciones diferentes, dolorosas, tienen dos caminos, un “punto”, y pase de hoja; o el “enganche”, que es seguirla hasta el cansancio y el desgaste del vínculo.
Es la eterna discusión, en la estéril búsqueda, de querer cambiar al otro. “Que sea como yo quiero.” Esto trae aparejado, un forcejeo emocional. Sentir que a uno lo quieren cambiar, genera un ataque a la identidad. Después sigue la pérdida del respeto.
El desconocerse uno al otro. La desilusión. Y el DESAMOR. Con toda la información que existe hoy, donde todo es consultado en el celular, donde hay reels que explican con detalles desde las conductas hasta las psicopatologías, no es excusa decir, “yo no sabía” o “no me di cuenta”, cada uno puede elegir como caminar en paz interior por la vida…