Jueves 28 de mayo, 2020
  • 8 am

Jesús entra

Padre Martín Ponce de León
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Padre Martín Ponce de León

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Diario

Por Padre Martín
Ponce de León.
Todos los años la Semana Santa comienza con el domingo de Ramos
Así conocemos a ese primer día de una semana por demás especial porque plena de gestos de cercanía y amor.
Hoy, con todo lo del coronavirus, esta celebración es una insólita realidad.
Nuestro templo vacío celebraba este domingo que suele ser uno de los de mayor concurrencia de fieles.
No había fieles portando los ramos que se habrían de bendecir. No había fieles interesados en comenzar su semana con una celebración particular.
Es una semana donde, con más fuerza que nunca, Jesús entra directamente al corazón de cada uno.
No hay nada que puede distraernos en ese ingreso que Él realiza.
No nos distrae el que puede haber mucha gente y alguno nos impide verle pasar.
No nos distrae el bullicio de los niños que corretean y gritan alborotados con tanta algarabía.
Jesús ingresa y solamente está cada uno de nosotros para recibirle.
Cada uno con la intriga propia de quien recibe a alguien que viene dispuesto a modificar nuestros esquemas.
Cada uno con la inquietud de no saber en qué medida somos capaces de responder a lo que espera de nosotros.
Jesús ingresa y no tenemos un ramo que nos puede distraer.
Solamente está nuestro corazón y la disponibilidad para aceptarle y prolongarlo.
Aquel pueblo, sus contemporáneos, que lo recibió en una oportunidad como la de hoy ha de ser el mismo que, influenciado por algunos, va a solicitar su muerte.
Van a ser los que, pocos días después, dejarán de lado toda su admiración por Él para aferrarse a lo establecido y conocido.
Hoy lo reciben y lo aclaman. Mañana lo rechazan y condenan.
Es esa misma historia que continuará repitiéndose a lo largo del tiempo y que hoy debe motivar nuestro cuestionamiento.
¿Por qué y para qué lo recibo?
Esto implica una pregunta anterior ¿Quién es Jesús para mí?
Si recibo al de los portentos o de los milagros es evidente que puedo sentirme defraudado ante la primera vez que experimente que no está para hacerme los gustos.
Si recibo al que me ofrece seguridades y respuestas en muy poco tiempo experimentaré me defrauda porque continuaré experimentando dudas y preguntas que me impulsarán a buscarle mucho más.
Si recibo al que me muestra la posibilidad de un estilo de vida coherente y plena, puedo rechazarlo porque ese camino es exigente y comprometido.
Si recibo al que me enseña el modo de amar para ser plenamente feliz puedo dejarlo librado a su propia suerte porque tal cosa es agotador y desgastante.
Puedo siempre renegar de Él.
Pero si lo recibo buscando las dos últimas posibilidades mencionadas. Por más que sepa que puedo rechazarle no lo habré de hacer puesto que mi vida adquiere pleno sentido el ello.
Si lo recibo buscando plenitud y coherencia hoy es un día de gozo porque Él se llega hasta mí y estoy dispuesto a dejarle actuar.
Dejarle actuar para hacernos actuar con desinterés, para que busquemos la dignidad de los demás, para ayudar a despertar sonrisas.
Cuando entendemos que nuestra realización está en darnos completamente y sin guardarnos nada, hoy es un día de pleno disfrute.
Jesús entra hoy y, gracias al coronavirus, nada dispersa nuestra atención.
¿Estamos dispuestos a dejarle entrar?