Viernes 14 de agosto, 2020
  • 8 am

“Agarrá tus cosas y andate para tu casa”

“Hoy decimos cuando nos encontramos con jugadores de aquella selección (94′-95′) que el viejo Ferraz era un adelantado, cuando nos hablaba del cuidado, de la alimentación apropiada, del trabajo táctico. Él nos anunciaba que eso se venía y los entrenamientos eran impresionantes y no estábamos acostumbrados. Hoy se ven muchas horas de tercer tiempo, horas de vida; recuerdo cuando decía ‘muchachos el martes doble horario, un feriado en el Parque Solari’, y había que ir, estar y no había vuelta. Un día me acuerdo que llegué justo a la práctica y con las vendas todas desarmadas. Me mandó para casa y me dijo ‘tenés todo el tiempo del mundo para vendarte y venís a armar las vendas acá. Agarrá tus cosas y andate a tu casa, acá tenés que estar veinte minutos antes y con las vendas arrolladitas’. Y en base a eso es lo que lleva a uno a aprender”.

“Con la lesión mi vida cambió de rumbo”

“Cuando me lesioné en Peñarol mi vida cambió de rumbo. De todas maneras lo valoro un montón porque hizo que al volver a Salto terminara el liceo e ir a estudiar Educacion Física a Paysandú, que hoy tenga una carrera y pueda vivir de eso. Mis familiares querían que estudiara y tuviera una profesión, a lo cual estoy muy agradecido. Me permitió formar una familia, con mi esposa Natalia Almeida y gracias a ella tres hijas, Ximena Micaela, Noelia Valentina y Mía Josefina, familia de la cual estoy muy orgulloso”.

En Peñarol: “Se veía que Forlán era un clase A”

“Cuando llegué a Montevideo en cuarta me dirigió nada menos que Pablo Forlán, gran jugador de fútbol y persona de la que tengo gratos recuerdos. Pero acá hay algo importante; tuve la oportunidad de jugar junto a Diego Forlán, que era un año y medio menor a la edad de la categoría pero se veía en él un jugador distinto, clase ‘A’, con una riqueza técnica formidable, con una precisión notable en su pase. Lo único que le faltaba era definir él o rematar más desde afuera, que era lo que trabajaba con su padre y finalmente lo logró en el correr de su carrera. Siguiéndolo a través de la televisión, el Mundial de Sudáfrica en su mejor momento, no olvido que jugamos juntos en la cuarta de Peñarol; cosas lindas que deja el fútbol”.
“Más allá de un formidable jugador por su riqueza técnica. Desde que dejó el fútbol la selección lo extraña. Quiero que sirva como ejemplo a la juventud de hoy, lo que era Diego como persona, además aplicado en el estudio. Recuerdo que sabía cuatro o cinco idiomas, un tipo muy instruido, muy intelectual, algo que no era común en el jugador uruguayo. Pienso que el estudio también lo llevó a lo que fue y es hoy como entrenador, en lo que también va a llegar lejos, por la forma en que ha encarado las cosas en su vida”.

“Recuerdo el abano y un vaso de whisky”

“Me sorprendió que me llamara José Pedro Damiani. Me presenté en el Palacio Peñarol (hacía tres días Fossatti me había hablado y estaba entrenado en 1ª. Habían vendido a Luis Romero a China y quería subir juveniles. Me hicieron sentar en un sillón al lado de Damiani, le estreché la mano a una de las personas más exitosas de la historia del fútbol uruguayo. Recuerdo un gran abano y un vaso de whisky. Me dice ‘lea ésto y luego firme acá, si le parece bien bienvenido y la mayor suerte para usted y todos los peñarolenses’. Por circunstancias de la vida tuve esa lesión en mi mejor momento. El fútbol también es eso, suerte o verdad”.