Sábado 5 de diciembre, 2020
  • 8 am

Un derecho irrenunciable

Fulvio Gutiérrez
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Fulvio Gutiérrez

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Dr. Fulvio Gutiérrez
Este es un domingo en el cual los ciudadanos de cada uno de los 19 departamentos en los que se divide el Uruguay, tienen el derecho, la obligación, y la facultad de ejercer directamente una de las funciones más importantes del Estado: la Función Electoral. Los ciudadanos salteños eligen hoy la persona que va a ocupar la titularidad del cargo de Intendente; todos los integrantes de las Juntas Departamentales, los Alcaldes de los seis municipios creados en Salto, y los cuatro restantes Concejales de esos Municipios.
Por eso nos duele ver ciudadanos desinteresados en ejercer su sagrado derecho a votar. Desinterés demostrado en no querer hablar del tema, en no conocer los candidatos partidarios, en no sostener nuestra mirada cuando buscábamos respuestas. ¡Esto sí que es grave!
No olvidemos que la esencia de la democracia está en el voto de los ciudadanos como mecanismo de expresión de voluntad y de participación en el gobierno de su departamento. Alguien dijo que la diferencia entre una democracia y una dictadura, es que en la democracia se puede votar antes de obedecer las órdenes. ¡Qué verdad!
La Constitución dice que el ciudadano tiene el derecho y la obligación de votar porque es miembro de la soberanía de la Nación. Existe entonces, además de lo jurídico, un deber ético de participar, por lo menos con el voto, en la elección de los titulares de los órganos electivos del departamento. Renunciar a ese derecho, resulta inconcebible, no solo porque el voto nos permite ser miembros activos de un nuevo gobierno, sino porque nos deslegitima para luego exigir el cumplimiento de las promesas electorales. Quien renuncia a ejercer el derecho al voto, está renunciando a la esencia de la democracia, y renunciar a la democracia es perder parte de la personalidad de cada uno, porque en la democracia, nada es más importante que la felicidad del gobernado. Que somos todos los ciudadanos de Salto. Que nacimos en él, que amamos esta tierra y que nos sentimos orgullosos de ser salteños.
A veces pienso que tal vez los descreídos tengan razón. Porque el descreimiento de los ciudadanos en votar, también es responsabilidad de quienes, elección tras elección, incumplen sus promesas y olvidan el ejercicio de sus derechos, abrazándose a las prebendas de sus cargos. ¡Créanme, no estoy haciendo un alabanza circunstancial! Estoy diciendo que no podemos renunciar al derecho de votar. Por el partido político que quieran, por los candidatos que elijan, en blanco si así lo deciden. Pero en definitiva VOTAR. Porque es un voto a favor de la democracia y en contra de la demagogia. Que así sea, por Salto y por su gente.