Domingo 7 de marzo, 2021
  • 8 am

Tristezas y alegrías

César Suárez
Por

César Suárez

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Por el Dr. César Suárez
Ignoro si alguna vez se podrá crear un instrumento para medir la alegría o la tristeza, pero sin duda que son dos sentimientos que alternan continuamente en el ánimo de las personas, y creo que también en cualquier otro ser vivo
Hay tristezas que producen tal sufrimiento que superan largamente a cualquier padecimiento físico y no hay dolor que se les compare, por consiguiente, se transforman en una enfermedad que terminará por requerir un tratamiento medicamentoso para atenuar los niveles de angustia que ocasiona.
Tanto la tristeza como la alegría están normalmente vinculadas a estímulos que las generan, y dentro de ciertos límites, están catalogados como reacciones normales que se adecuan con una respuesta acorde, relacionada con un acontecimiento, a la escala de valores de cada uno y a la sensibilidad que desencadena uno u otro sentimiento.
El valor del estímulo que genera cualquiera de los de las dos emociones no está necesariamente ligado a la dimensión del acontecimiento, sino que está vinculado a la expectativa que cada uno tenga acerca de lo que desea obtener, y sobre todo de la interpretación que cada uno le dé a ese acontecimiento.
Una gran pérdida largamente anunciada va diluyendo el impacto en el curso del tiempo y cuando realmente se concreta no genera otra cosa que resignación ante un acontecimiento inevitable, como puede ser la muerte de un ser querido que ha padecido una larga enfermedad catalogada de incurable, sin embargo, una noticia inesperada acerca de una pérdida menor, puede llegar a generar un impacto importante en los sentimientos así como la tristeza con indignación a causa de un acontecimiento valorado como injusto.
En el otro extremo, las sensaciones de alegría tampoco se pueden medir por la dimensión del acontecimiento.
Hay personas que disponen de bienes materiales que superan largamente las más optimistas expectativas que otros deseen tener, sin embargo, para los que los poseen, no generar la satisfacción suficiente, viviendo amargados cuando un negocio no les genera los réditos ambicionados por más que lo que disponen sean decenas de veces más que otro que disfruta de pequeños logros con gran felicidad.
Parecería, que tanto la felicidad como la tristeza están relacionadas al punto de partida y que es bien cierto, que pocos pueden evaluar lo que poseen, tanto del punto de vista material como afectivo hasta que no lo pierden, o están en riesgo de perderlo, el bien o el afecto.
La felicidad y la tristeza terminan por ser una sensación irracional y a veces es necesario recurrir a la reflexión para rescatarse o rescatar a otro de un cuadro depresivo ayudándonos o ayudando a revalorar la relatividad de cada situación.
Cuando yo tenía doce años y vivía en la campaña, faltaba lo que hoy se entiende como elemental para una vida normal, sin embargo, las expectativaseran muy distintas que ahora, no había electricidad, no había teléfono, los caminos eran intransitables, obviamente no había televisión.
Mi medio de trasporte eran mis propios pies o un caballo y mi máxima aspiración era tener una bicicleta que en ese momento era demasiado cara para las disponibilidades económicas que habían.
Un día, mi abuelo materno, viendo esa aspiración tan deseada juntó el dinero necesario y me regaló una.
No recuerdo en todo el trayecto de mi vida haber tenido otra emoción mayor que esa. Una simple bicicleta, un cuadro, dos ruedas, un manillar, un asiento, dos pedales y una cadena.
No lo podía creer, aún me veo montado en ella sobre un camino de balastro sin poder abarcar en mi tanta alegría junta, dormía con ella en mi cuarto para volverla a mirar cada vez que me despertaba, que eran muchas veces en cada noche, para comprobar que no era un sueño
Antes y después, padecí, como cualquiera, algunos momentos tristes y disfruté muchos otros muy alegres, pero no recuerdo que se haya repetido en mí, otra emoción así.
Como dice la propaganda de master card, las cosas materiales se compran con dinero o tarjeta de crédito, las demás cosas no tienen precio, y agrego yo, que jamás lo tendrán porque las alegrías y las tristezas van siempre dentro de uno y las vamos elaborando con nuestra inteligencia, con nuestros sentimientos y con nuestros propios valores.