miércoles 24 de abril, 2024
  • 8 am

Y ahora, ¿qué hago con estas tortugas?

César Suárez
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César Suárez

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Por el Dr. Cesar Suarez
¿Alguien de ustedes entiende algo acerca de las tortugas? Pues yo nada o apenas algo desde que hace una semana que me quedé a cargo de dos que pertenecen a mis nietos, que según ellos las aman, pero de las que no se ocupan ni siquiera un minuto. Les haré un poco de historia. A los niños les encantan las mascotas y reclaman hasta el cansancio que se les consiga una y prometen con toda convicción que se ocuparán de ellas, cosa que jamás sucede y los adultos a cargo no nos queda otra cosa que estar pendiente en forma continua del perro o del gato o del pececito, del loro o cualquier otro pajarito, y en mi caso, de las tortugas. Ya hace veinticinco años, a mi hijo se le ocurrió tener un perro para lo que prometió que se ocuparía en forma total y permanente, entonces llegó a casa el famoso perro Raúl, un setter irlandés de hermoso y brillante pelaje caoba, una belleza de perro del que mi hijo se ocupó el primer día, lo sacó tres minutos a pasear y ahí finalizó toda su dedicación, por ese día y por siempre.
Raúl, con su historia, ocupó varias de mis columnas en el diario Cambio, sobre todo, porque lo que tenía de bello lo tenía de tonto y se perdía no bien llegaba a la esquina y ya no sabía regresar. Estuvo muchas veces perdido y por suerte alguien lo encontraba y enseguida o mucho tiempo después, volvía hasta que en la última oportunidad no volvió jamás.
También tuvimos un lagarto que mi señora se le ocurrió traer desde Termas del Arapey que se llamó Nolberto Enrique al que también le dedique numerosas columnas en este diario vinculado a su conflicto con los gatos piqueteros y con las abejas asesinas.
Desde hace un tiempo, la abuela de estos niños se le ocurrió que era importante que ellos tuvieran una mascota y en unas vacaciones les compró una tortuga.
Yo no sé lo que piensa una tortuga ni que cosas cavila en su soledad y a mí me pareció que sería muy aburrido ser tortuga sin una compañía por lo que les sugerí que consiguiera otra para que tuvieran la oportunidad de interactuar.
Una vez finalizadas las vacaciones de año anterior, las tortugas marcharon hacia Montevideo con mis nietos.
En estas vacaciones volvieron mis nietos a permanecer varias semanas y volvieron con las tortugas. Finalizadas las vacaciones, la madre de mis nietos se negó rotundamente a llevárselas de retorno a Montevideo, oportunidad para devolverlas u ofrecerlas en adopción, pero ante esa eventualidad, mis nietos, que ni las miran a las tortugas, se pusieron a llorar amargamente, razón por las cuales las tortugas quedaron conmigo bajo la atenta vigilancia de mis nietos (vigilancia obviamente no dirigidas a las tortugas si no a mi persona) por si tomara la tentadora resolución de deshacerme de ellas.
Y aquí estoy, dándole de comer tres veces por día, lavando a diario las peceras donde viven.
Yo que estaba preocupado por la soledad de las tortugas, las tuvimos separar porque se peleaban, para peor, cuando las suelto un rato, las pongo juntas, pero ni se miran, no se dirigen palabra, una agarra para un lado y la otra para otro.
Como no entiendo nada de tortugas no sé qué es lo que quieren, cuando las suelto, estiran el pescuezo, buscando no sé qué y casi ni se mueven, pero cuando las vuelvo a su pecera, enseguida se poner a buscar la salida.
Andá a entender una tortuga.
Algunas cosas he observado, cuando as suelto les gusta exponerse al sol, el caparazón está formada por diez escamas poligonales, ocho alrededor y 2 en el medio, obviamente, como tortuga que son, son más lentas que Lugano.
Si alguien las quiere se las puedo prestar, será un préstamo no reembolsable, la única condición, es mostrárselas a ms nietos, diez segundos, una vez cada tanto, simplemente para que no me hagan lio y comprueben que siguen ahí.
Pero ya veo que no me voy a poder liberar se estos graciosos y aburridos reptiles.
Si me animo, la semana que viene les cuento algo más de las mascotas, por favor no me dejen solo, tirenmé una sugerencia, no me abandonen, ayudenmé a encontrar una salida.