Martes 26 de octubre, 2021
  • 8 am

La sarna y sus dos variedades

César Suárez
Por

César Suárez

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Por el Dr. César Suárez
Yo que soy médico dermatólogo recibo a diario en mi consultorio numerosos paciente que les pica algo, desde cuadros insignificantes, puntuales y transitorios hasta casos severos, persistentes, recalcitrantes, insoportables, vinculados por un lado a la sensibilidad individual y por otro a exposición a factores irritantes de diversa índole, o desencadenantes de otra naturaleza y que generan inconfortabilidades diversas con padecimientos, en ocasiones, difíciles de soportar y que no siempre responden eficientemente al esquema terapéutico elegido.
La mayoría de estas afecciones no comprometen seriamente la salud orgánica, pero inciden en forma determinante sobre la salud emocional.
Una frase reiterada, que suelo escuchar en forma insistente es la de “me pica todo” y uno ya sabe, antes de averiguar detalles, que nos enfrentamos a una situación compleja porque estamos a punto de ingresar en un terreno escabroso donde los posibles diagnósticos son innumerables, vinculados por una parte a la sensibilidad personal, tanto orgánica como emocional y por otra, a una pléyade de factores desencadenantes difíciles de identificar, sobre todo porque el paciente sometido a una rutina diversa, suele olvidarse acerca de alérgenos a los que puedo haber estado o seguir estando expuesto o simplemente, no les asignan valor como posible causa.
En la actualidad, solemos estar expuestos a una infinidad de alérgenos consecuencia de la vida moderna debido a que la industria vuelca al mercado infinidad de sustancias químicas de uso personal (cosméticos, desodorantes, fibras sintéticas teñidas de diferentes colores), domésticos (detergentes, limpiadores, desinfectantes, jabones, aromatizantes) y ambientales diversas de acuerdo a cada rubro que cada uno se desempeñe.
Muchas de estas picazones suelen ser generadas por elementos vivos de la naturaleza con quienes convivimos, que se defienden de nosotros con sus agudos aguijones, tales como avispas, abejas, mangangás, y otros que intentan alimentarse a costa de nuestra humanidad tales como mosquitos, pulgas, garrapatas o el sarcoptesscabeis.
El sarcoptesscabeis es un arácnido que genera una parasitosis cutánea denominada sarna, dermatosis que pica insoportablemente, que se instala en forma progresiva, que suele afectar en forma sucesiva, si no se trata a tiempo, a todos los convivientes, y que suele extenderse desde el mentón hasta los pies, pasando por las áreas genitales y que obliga a rascarse en forma disimulada, o no, cuando se hace insoportable a toda hora, perturbando seriamente el descanso nocturno.
La hembra, de un tamaño de casi medio milímetro, excava surcos en la piel y pone decenas de huevos, de donde una semana después nacen muchos hijos que seguirán excavando y generando una picazón casi imposible de soportar y que se agrava con el calor que producen los abrigos, sobretodo, cuando se está en la cama.
Se trata de una parasitosis muy contagiosa para los convivientes, trasmitiéndose esencialmente por contacto de piel con piel y por las ropas, sobre todo por toallas, sábanas y muy frecuentemente entre adolescentes, por intercambios de ropas.
Los síntomas, no necesariamente se inician enseguida de producido el contagio, habiendo situaciones que comienza a picar varias semanas después de comenzada la infección, razón por la cual, si la consulta es muy temprana, no haya convivientes sintomáticos.
Cuando hay sarna en una casa, se tienen que tratar todos los convivientes en forma simultánea, aunque algunos estén asintomáticos en ese momento porque seguramente la están incubando.
A pesar de todo, el tratamiento bien conducido, es sencillo y muy eficiente, pero es necesario que se extienda a todos los convivientes en forma simultánea y a toda la ropa que haya estado en contacto con la piel.
La piel suele curarse con lociones antiparasitarias y la ropa, sumergiéndola en agua por veinticuatro horas para ahogar el parásito.
Hay que destacar que existes dos tipos de sarnas bien definidos, está la sarna con gusto, que no pica, pero la otra, pica que se la lleva el demonio.