martes 27 de septiembre, 2022
  • 8 am

Aquellas viejas anécdotas del ayer salteño

Por Cary de los Santos.
A fines de la década de los años 90 del Siglo XX, como parte de los eventos programados por la – Comisión Vecinal del Barrio “El Cerro” – para esperar el fin del milenio, se solicitó al “Museo Arqueológico y de Ciencias Naturales” el armado de una muestra – ilustrada y narrativa – sobre diferentes aspectos de nuestra ciudad y vecinos del Salto del ayer. A mí, en esa oportunidad, me tocó procesar toda la información en la computadora: textos e imágenes que integrarían la muestra para armar y desarrollarse en el “Salón” de la sede de la comisión vecinal, cosechando luego, muchos elogios y una alta concurrencia de visitantes, que terminaron de coronar a la muestra con un gran éxito.
ANÉCDOTAS
La palabra anécdota proviene del vocablo francés anecdote y según parece, derivaría de un concepto de origen griego. Sin embargo, la anécdota no es otra cosa, que: una narración breve donde se procede a relatar una situación curiosa, interesante, y muchas veces, con su cuota de humor incluida en el relato de esta.
En la muestra realizada en el Cerro, había unos paneles dedicados a las anécdotas, y ellas, son las que “presentamos” en la crónica de hoy.
AMANTES DEL TINTO
El recordado “Fermín Jacques”, a finales de los años 90 del Siglo XX, nos relató la siguiente anécdota. “En el año 1940 salíamos en una murga de nombre «Los Amantes del Tinto», ese año perdimos el primer puesto, por qué González (Padre del “Quique Risa”) en el momento que le tocaba entrar a cantar, miró hacia la platea y vio a su novia y se olvidó de la letra. Nos ganó la – Carcajada – y nos dieron un premio consuelo de 15 pesos y lo tomamos todo de vino, una damajuana costaba 2 pesos con cincuenta…” Si nos trasladamos a la época y a la situación vívida, no debió ser nada lindo para los integrantes de la murga perdedora, y aún menos, qué ganara la – Carcajada – a pesar de que la situación, no era para risa.
CON MOTIVO DE LA CRISIS
Es una anécdota contada por el apreciado y recordado “Ovidio Cocco”, que formó parte de la exposición “Las Memorias del Pueblo”, realizada por el Museo Arqueológico y Ciencias Naturales de Salto.
Así decía:
“Con motivo de la crisis, surgió está murga juvenil en el barrio. El señor Pignataro, nos hacía los tambores de lata, y el señor Castell, nos pintaba el estandarte. La murguita tenía un espíritu crítico, por qué: El carnaval es la expresión del pueblo, del barrio y de las necesidades de la gente. Realizábamos cuartetas suprimiendo algunas palabras, estás podían ser tomadas como insultos, dejábamos que cada uno pusiera la palabra que creía que hacía consonancia con el verso anterior:
Y sí hablamos de los acaparadores son grandes señores, lo vamos a demostrar, pues la carne la mandan a Europa y sólo la sopa podemos tomar. Y la carne anda en aeroplano y el asado en zeppelin, los ricos comen asado y los pobres ni chinchulín”.
UN “CHANCHO” TRIPULANTE DEL VAPOR SURUBÍ
La siguiente anécdota fue relatada por “Amanda Cáceres”, hija de don Jacinto Romero, quién fuera contramaestre del lujoso “Surubí”.
Así decía:
“En uno de los tantos viajes del hermoso vapor Surubí, la tripulación subió a bordo un animal, una mascota, un chancho y su camarote era la bodega. Su alimento era restos de la fina comida que se servía al pasaje. La tripulación del Surubí, se divertía dándole vino al animal, pero un día, se sobrepasaron en la dosis ocasionando un lío mayor producido por los gemidos del chancho y éste, corría y gritaba… La tripulación desesperada detrás del animal, tratando de evitar que don Romero se enterara. Pero… cuándo nadie se lo esperaba, una mala jugada del destino hizo que Romero lo descubriera, ordenando bajar inmediatamente al animal en el primer puerto que tocara el vapor, terminándose así, la diversión de su tripulación”.
UN REMACHE EN EL PECHO
Uno de los trabajos más duros y peligrosos del astillero, era el cambio de chapones de los buques a vapor, llegándose a producir en su realización varios accidentes, cómo la pérdida de un ojo del “Gerola”, el valiente sereno del vapor Surubí. Sin embargo, la anécdota siguiente le sucedió al recordado “José Washington Miñón”, y dice así:
“Un día me encontraba trabajando en la fragua, como muchos que ingresaban al astillero de Mihanovich. Era un trabajo de prueba, un amansa loco. Mi trabajo consistía en calentar remaches, una vez pronto, lo tomaba con la pinza larga y se lo tiraba a los pies del aguantador, en este caso, era Arístides Vedovatti, quién lo tomaría con una pinza idéntica y lo colocaría en el agujero del chapón.
Este trabajo se realizaba para cambiar los chapones dañados de los cascos de los buques a vapor. Sin embargo, en ese momento, le di a uno de los tantos remaches demasiado impulso y en vez, de ir a sus pies fue directamente al escote de su ropa, resbalando luego por su pecho, ocasionándole una quemadura que le dejó un recuerdo amargo y una marca para toda la vida. Pero… a pesar del cruel accidente, nunca afectó nuestra amistad que siempre fue la misma”.
Mi agradecimiento a Mario Trindade, por habernos cedido el material original de la muestra y las fotografías que ilustran la crónica de hoy.

-José Washington Miñón.

-Fermín Jacques.

-Ovidio Cocco