viernes 30 de septiembre, 2022
  • 8 am

Pequeñeces

Padre Martín Ponce de León
Por

Padre Martín Ponce de León

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Por el Padre Martín Ponce De León
¿Cuánto importan las pequeñas cosas?
Quizás por el hecho de ser “pequeñas cosas” no le damos mucha importancia.
Son esas realidades que siempre están.
Con ellas, bien podemos decir, convivimos y entonces…
Son pequeños detalles de nuestra vida cotidiana a los que podemos no prestarle mucha atención.
Pero la realidad nos está indicando otra cosa.
Poseen importancia por el hecho de ser una presencia ineludible en nuestras vidas.
Poseen importancia porque están a la base de nuestro relacionamiento con lo que nos rodea.
Constantemente nos relacionamos desde las “pequeñas cosas”.
Con certeza podemos decir que de “pequeñas” poseen, únicamente, el nombre puesto que son ineludibles, inevitables e imprescindibles.
Lo grande de nuestra vida se construye desde una suma interminable de pequeñas cosas.
Como, también, lo que más nos desacomoda son esas pequeñas cosas que quedan en nosotros por resolver o a medio resolver.
No nos desacomoda una inmensa roca sino una pequeña piedrecilla a la que, por su tamaño, no le prestamos atención alguna.
¿Cuánto importan las “pequeñas cosas”?
¿Cuánto dañan las “pequeñas cosas”?.
Si se mira nuestra relación de vecinos habremos de descubrir que ellas son determinantes.
Lo mismo sucede en una relación de pareja o familiar.
En oportunidades uno se encuentra con el efecto último en una determinada relación, que, generalmente, es grande e importante.
Hurgando en las razones que subyacen en esa determinación uno se encuentra con “pequeñas cosas” a las que se debe una atención.
Palabras que no se dicen por miedo, por comodidad o por indiferencia.
Gestos que no se brindan por descuido, desatención o falta de tiempo.
Detalles a los que no se atienden porque son, casualmente, detalles.
Todo ello va desgastando una relación hasta que, llegado el momento, la misma se hace insostenible o simplemente rutinaria.
Uno sabe que la historia no se puede volver atrás.
Una relación desgastada no posee una marcha atrás y una corrección de detalles sino que posee una nueva oportunidad y el volver a intentarlo.
“Nunca has de beber del mismo río”.
La vida se encarga de brindar nuevas oportunidades no para que enmendemos los errores cometidos sino para que no volvamos a reiterarlos.
Hoy tenemos tareas por cumplir y las que no hagamos jamás serán hechas.
Tendremos oportunidades similares pero….nosotros ya no seremos los mismos y la tarea será “nueva” por más que sea la que hemos postergado en el tiempo.
Es indudable que, para quienes tenemos fe, las “pequeñas cosas” poseen un aditivo especial que les hace nada pequeñas.
Es allí donde encontramos un válido instrumento de relación con Dios.
Con ese Dios que comparte nuestra historia y en el que creemos.
Es allí donde debemos saber encontrar la voz de Dios que nos habla, nos pide, nos cuestiona y nos dice de su amor.
Es allí donde debemos descubrir, cotidianamente, la voluntad de Dios para con cada uno de nosotros.
Es allí donde manifestamos nuestro amor a Dios y su proyecto hecho amor a los demás sin distingos.
¿Cuánto importan las “pequeñas cosas”?.
Quizás son demasiadas a lo largo de nuestro día como para que les podamos brindar una intensa atención a todas y cada una de ellas.
Quizás son muy pequeñas como para que despierten nuestra atención.
Las “pequeñas cosas” requieren de nosotros un proceso de atención y dedicación.
Pero….sin lugar a dudas, importan muchísimo más que esa escasa importancia que le solemos brindar por el hecho de que las consideramos “pequeñas cosas”.