sábado 1 de octubre, 2022
  • 8 am

Deconstruyendo para edificar

Gisela Caram
Por

Gisela Caram

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Ps. Gisela Caram*
Cada tanto, en los veranos, parecería que se repiten situaciones de violencia social.
Hay cuestiones que son VIOLENTAS…
Hay leyes que han ido ajustándose a los tiempos, a la implicancia de los sujetos y las redes sociales, y los destrozos que acarrea el mal uso de la tecnología.
Hay leyes que regulan los horarios de protección a menores…
Que lo ÍNTIMO, no se puede hacer PÚBLICO…
Desde el 23 de enero, un bombardeo de noticias sobre la violación grupal a una mujer de 30 años, ha ido generando un sinfín de emociones: rabia, angustias, impotencia, malestar, confusión…y este viernes a la noche, aconteció la audiencia que duró más de cinco horas.
Durante más de diez días, fuimos recibiendo diferentes informaciones que fueron complejizando el caso.
Es fácil caer en juicios de valor, por más que cada uno sea respetuoso de los demás, hay distintas sensibilidades.
Que los hombres opinan diferente que las mujeres…
Que la derecha piensa una cosa, la izquierda otra…
Que, para las mujeres, “pará”, “ta”, es NO.
¿Qué significa lo que pasa?
Esto que pasó, no debería pensarse desde la ideología política.
Es una cuestión de violencia de género.
Y no puede revertirse ya.
Fue un acontecimiento terrible que no debe pasar más.
Capaz se trata de pensar, cómo es la crianza y educación de los varones.Cómo enseñar a no actuarsin pensar…
Esta situación de violación grupal, podría haberle pasado a tu hijo…
Tu hijo que capaz aún no sabe decir “no”, tu hijo que aún no puede visibilizar que hay cuestiones que hay que cuidar.
Tu hijo que no recibió educación sexual desde niño…
Que lo que sabe, lo descubrió escuchando a amigos más grandes y aprendió,lo pescó, y cree que está todo bien…
O lo que aprendió fue, mirando pornografía, y cree que es así, que lo que ve, es real, o es “natural”.
Varones que desde niños tienen un lugar privilegiado en relación a sus hermanas mujeres.
“Que las niñas hacen las tareas de la casa, porque las hacen mejor que los hermanos varones”
“Son las mujeres las que cuidan a sus padres cuando son viejitos, los varones no lo hacen tan bien…”
“Los niños juegan a la pelota y las niñas con las muñecas”
“Los niños tienen que usar celeste, y las niñas rosa”
“Los hombres se sientan en la cabecera de la mesa”
“El hijo varón tiene que sentarse en el auto, adelante con su padre”
A lo que se suman discusiones de los padres, donde el destrato y la desvalorización a la madre, se va naturalizando desde la infancia, y luego al ser grande, repite este estereotipo en las relaciones con otras mujeres.
Varones que ocupan un lugar privilegiado en el auto, en la mesa.
Varones que sus padres, apenas llegando a la adolescencia, les dan dinero “para debutar…”
Varones que creen que las despedidas de soltero, son en “Las Vegas”.
Esta situación íntima que se hizo pública, por la difusión de audios, imágenes, videos dónde todo el país opinó, cada uno desde su óptica, trascendiendo fronteras, ha sido brutal…
Qué decir… solo pensar cómo construimos el pensamiento en los varones.
Solo pensar cómo “notamos”, el ponernos en los zapatos del otro…
Como deconstruimos pensamientos tan arraigados por generaciones, que no nos permiten visibilizar cuestiones que hacen al respeto por el otro. Como vamos educando los niños con la capacidad de construir una ética donde pueda ir también desarrollando la empatía y conectando con sus actos.
Cómo hay que hacerse cargo de lo que uno hace, y no solamente después de cumplida la mayoría de edad.
¿Y cómo sigue ahora la vida de estas personas?
¿Y las familias que hay detrás?
*Especialista en Psicoanálisis Vincular