sábado 1 de octubre, 2022
  • 8 am

Su enojo

Padre Martín Ponce de León
Por

Padre Martín Ponce de León

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Por el Padre Martín Ponce De León
Los seres humanos somos muy especiales.
Existen aquellos que siempre están con el mismo talante y nada logra que se modifique el mismo.
Están aquellos que siempre son muy susceptibles y cualquier cosa les altera.
Están aquellos que, por muy diversas razones, se encuentran de mal talante por un tiempo y luego vuelven a la normalidad.
Sin duda que, muchas veces, las situaciones reiteradas o circunstanciales, por la que debe transitar alguien son motivos suficientes para alterar a cualquiera.
Él es una persona tranquila pero últimamente ha tenido algunas actitudes que dicen no está pasando un buen momento.
Hace muy pocos días llegó tarde a la comida.
Prácticamente ya estábamos concluyendo el almuerzo de ese día.
Le dijeron que ya era tarde y no quedaba nada.
Tal vez no fue un algo acertado puesto que, de alguna manera, se podía buscar una solución.
Pero se enojó y se retiró a toda prisa y manifestando su enojo con quien le había dicho no había comida.
Si había llegado a prisa se retiró con mucha más prisa y sin ocultar su incomodidad.
Esa su retirada impidió que se pudiese buscar esa solución que estaba allí al alcance de la mano.
Con un trozo de buena voluntad todo se podría haber solucionado.
Pero su molestia hizo que creciera el silencio mientras se retiraba raudo.
Era un momento donde lo mejor que se podía realizar era respetar el silencio creado puesto que cualquier comentario desafortunado podría motivar una situación peor.
Era un momento donde muchas miradas se entrecruzaban en silencio pero sin ocultar que la situación les resultaba divertida aunque, en realidad, no lo fuese.
Tenía temor de que alguien dijese algún comentario burlón y despertase esas risas que se dejaban ver en algunas miradas. Pero nadie lo hizo y todo se limitó a una marcha presurosa.
Unos días atrás se había, esta misma persona, molestado con otro y le había enrostrado un “Vos tenés mucho que pagar”
Ahora, la próxima vez que venga, deberé hablar con él.
No me puedo poner a defender a ninguna de las dos partes pero debo hacerle ver que había una solución que él impidió con su retirada destemplada.
Soy el último responsable de la actividad y, como tal, debo buscar impedir que situaciones puntuales destrocen lo que hasta hoy hemos logrado.
Como último responsable deberé buscar el instrumento que nos ayude a que situaciones como la vivida no se repitan puesto que todo lo que sucede debe servir para enmendar procedimientos en los que podemos tener cierta responsabilidad.
Tenemos que establecer algunas disposiciones que hagan mejorar nuestro servicio.
Ello, sin duda, es muy sencillo de establecer pero lo que resulta imposible es corregir el enojo de aquella persona.
Si esta persona fuese uno de los jóvenes comensales el hablar con él puede resultar muy sencillo, pero al ser una persona mayor al hacerlo debo de tener el mayor sentido común posible para que no se vuelva a ofender y pueda entender mi intención.
Se enojó y se marchó.
Se enojó y solamente manifestó su molestia con quien le había dicho no había más comida.
Se enojó y su actitud despertó un silencio que no suele ser frecuente en nuestra “Mesa compartida”
Se enojó y se marchó esbozando una amenaza.
Se enojó y debemos aprender de su enojo.