martes 6 de diciembre, 2022
  • 8 am

La Cuba verdadera

Fulvio Gutiérrez
Por

Fulvio Gutiérrez

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Por el Dr. Fulvio Gutiérrez
Hace pocos días, la izquierda vernácula, y fundamentalmente alguna dirigencia de esa izquierda y la mayoría de la intelectualidad que le es afín, recibió un terrible mazazo. Fue presentado públicamente un libro de la autoría de Carlos Liscano, titulado “Cuba, de eso mejor no hablar”. El autor es dramaturgo, poeta, periodista y narrador. Hombre de izquierda, en su juventud integró el MLN (Tupamaros), fue preso político durante 13 años. Tras ser liberado, viajó a Suecia, país en el que residió hasta junio de 1996, y donde comenzó su obra literaria. Vuelto a Uruguay, en el 2009 fue designado Subsecretario del Ministerio de Educación y Cultura hasta 2015 (Presidencia de Tabaré Vázquez), y posteriormente fue designado Director de la Biblioteca Nacional. (Presidencia de José Mujica). Fue y es sin duda, un hombre de izquierda.
En su última obra literaria que cité al comienzo, ese hombre de izquierda, dueño de una valentía y sinceridad a la cual no estamos acostumbrados, y protagonista directo de hechos que cuenta en ese libro, nos describe la realidad del gobierno comunista de Cuba. La que él vivió directamente, y que nadie puede desconocer ni negar, y que transforma en mentirosos compulsivos a quienes niegan las aberraciones de una forma de gobernar que ha sumido a ese país, durante más de sesenta años, en una durísima dictadura, y que hace callar con la prisión o la muerte, a todo cubano que ose cuestionar dicho régimen. La izquierda uruguaya tiene el tupé de no reconocer semejante realidad, y cuando alguno de sus líderes se ve encerrado en su propia negativa, dice que en Cuba hay otro tipo de democracia. La democracia es una sola; o la hay con todas sus características o no es democracia. Punto.
Dice Liscano refiriéndose a la URSS y a Cuba, que “eran regímenes dictatoriales en los que no existía la libertad de expresión ni de reunión ni de cátedra, donde gobernaban burócratas que, apoyados en la Policía y las Fuerzas Armadas y en un ejército de civiles delatores, explotaban al pueblo. En nombre del pueblo vivían del pueblo. Ninguna diferencia con otras dictaduras. En cualquier caso, las dictaduras de derecha tenían término. En cambio el socialismo, en camino hacia el comunismo, iba a ser eterno e incambiable”. Redondeando esta idea dice luego: “Cuba es un país muy pobre y no a causa del bloqueo sino porque no produce nada (ni azúcar). En Cuba no hay libertades de ningún orden. Es la dictadura del Partido Comunista. Más concretamente, es la dictadura de la familia de Fidel Castro y un pequeño grupo de generales y de burócratas que durante seis décadas aceptaron y aplaudieron los delirios mesiánicos del jefe”.
Liscano da algunos espeluznantes ejemplos de las barbaridades de Cuba. Se encarcelan a los opositores o se los fusila; toda expresión de arte o de literatura, si no es a favor del régimen se censura; para ingresar a la Universidad el estudiante debe ser comunista y afiliado a la Juventud Comunista; la persecución a los homosexuales es terrible y las pruebas son abundantes (Liscano menciona muchas), y los internaban en un campo de trabajos forzados bajo la dirección de las Unidades Militares de Apoyo a la Producción (la homofobia es una política de Estado que impulsó el Che Guevara); todo está en manos del Estado, y el comercio, la industria y en general el trabajo privado está prohibido, por más que sea pequeño y familiar; los sindicatos y el movimiento estudiantil están prohibidos; el cubano común come lo que está en la libreta de racionamiento, por el precio que fija el Estado y los días de la semana que allí se indican; el intelectual como conciencia crítica de la sociedad es combatido, perseguido y encarcelado, el intelectual revolucionario es aceptado y por supuesto usado como instrumento a favor del régimen; existe un sistema vecinal basado en la delación, y cada manzana de cualquier ciudad o pueblo, tiene un “comisario” encargado de denunciar al vecino contrario al régimen; y suma y sigue.
Cuba es, entonces, una cosa del pasado sin posibilidades de evolución. Hoy tampoco es una revolución, porque a más de sesenta años, nada ha cambiado y entonces hoy el gobierno cubano es un gobierno conservador. ¡Pensar que muchos uruguayos pretendían instalar en nuestro país, un régimen como el cubano! ¡Locos de atar!