miércoles 30 de noviembre, 2022
  • 8 am

Las cosas por su nombre

Armando Guglielmone.
Adiestrador canino, educador etólogo.
Especialista en problemas de conducta.
Contacto: 098 539 682
El castigo, es una pena o sanción que se impone a alguien o a algo como medida correctiva. Para ser aplicado el sujeto en cuestión debe romper una regla, presumiendo que debe conocer primero lo que implica esta, si no, no sabría que está mal. Es decir, si un automovilista dobla en un lugar que esta prohibido y lo sabe, sería pasible de una pena, castigo. Pero si no está señalizado quedaría exceptuado de tal castigo.
Entonces vemos que alguien o algo debe primero saber lo que hay que hacer para tener la oportunidad de evitar el castigo.
En el adiestramiento animal el castigo necesariamente aparece, pero hay que distinguir entre castigo y castigo. Primero que nada, este debe ser proporcional a la falta, a falta mínima castigo mínimo y así va subiendo de intensidad proporcionalmente. También debemos medir la necesidad real o no de castigar, no siempre es necesario corregir ya que a veces no influye en el resultado del trabajo. Por ejemplo: si quiero que mi perro se eche y este lo hace bien pero sin adoptar posición de esfinge no es necesario forzar, castigar, para que adopte esta posición, ya que el fin que buscamos es que se eche, y lo hace. Acá el castigo sería innecesario e injusto, incluso primero el perro debe entender cuando su educador lo corrige verbalmente para tener la oportunidad de corregirse el mismo mediante ensayo y error, pero si queremos que el perro haga algo que no entiende y aplicamos castigo para que lo haga, estamos generando conflicto en el animal que no entiende el por qué de este. Lo que si seguramente lograremos pueden ser dos cosas, algo que se llama indefensión aprendida o, una respuesta agresiva del sujeto en cuestión que intenta defender su integridad física.
La indefensión aprendida sería para que se entienda fácil, generar en este caso particular, un perro, la sensación de sumisión total haciendo que este no de respuestas autónomas y esté siempre esperando ser corregido, lo que genera falta de motivación, respuestas pobres y ejercicios carentes de soltura, ya que es como que entendiera que todo lo que hace puede estar mal, y conllevar un castigo, seguramente injusto. Para que funcione en los perros este debe tener una edad en la cual sea posible aplicarlo, a un perro muy joven el castigo lo puede bloquear y desestabilizar psíquicamente, a un perro adulto puede llevarlo a defenderse y agredir a quién aplica el castigo, incluso puede quedar condicionado a morder a quién se le acerque porque asume que eventualmente lo van a agredir.
¿Maltrato animal?
Aplicar un castigo a un perro, en lo que nos atañe, es siempre, o debería ser, para obtener un beneficio para el perro en primer lugar, luego para nosotros. Si nuestro perro intenta morder por ej. una persona y lo castigamos sería un castigo entendible pues pretendemos que no lo vuelva a hacer por iniciativa propia al menos, y que el rigor del castigo aplicado sirva como reforzamiento negativo para que no lo haga mas pues es algo que podría tener consecuencias graves para el perro y su dueño.
En todo este tiempo que llevo dedicado al estudio de los perros y la aplicación del aprendizaje en estos he visto cosas muy mal echas por personas que ocupan cargos asociados a la enseñanza canina, métodos casi brutales aplicados por personas cerradas ha recibir consejos pues ellos tienen “sus métodos”; así también conocí gente que deseosa de mejorar estuvo abierta a aprender a corregir lo que se hacía mal en beneficio de los perros.
Sería bueno que hubiese un cambiar de mentalidad, pero eso en nuestra sociedad va a ser muy difícil.
“El justo está cuidando del alma de su animal doméstico, pero las misericordias de los inicuos son crueles.” – Proverbios 12:10