viernes 27 de enero, 2023
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La columna infiltrada

La venta de los 90

“Exxel Group hace pie en el Uruguay”, titulaba una nota el diario porteño La Nación en su edición del día 24 de junio de 1998. EL subtitulo complementaba: “Cadena: se definió el acuerdo para la compra del supermercado Devoto por más de 100 millones de dólares, cifra récord para el vecino país”.
Fue una venta récord para los 90, y la noticia de la venta de la histórica red de supermercados, proveniente de una típica familia uruguaya que había logrado construirla a través de varias décadas, sorprendió en la plaza local. Uruguay no estaba acostumbrado a operaciones de tal magnitud.
“Era imposible que a los viejos se le pasara por la cabeza vender”, dice Daniel Devoto con referencia a los cuatro fundadores de Devoto Hnos.: su padre y sus tres tíos. Es que esta empresa era mucho más que un negocio para aquellos cuatro hermanos que la empezaron de cero y la vieron convertirse en un imperio del supermercadismo uruguayo. Y el amor por ese negocio fue algo que se transmitió de generación en generación, a sus hijos y luego a sus nietos.
Daniel Devoto cuenta lo que significaba el negocio para la familia: “Me crié de chiquito con el hijo del verdulero. Los almacenes se llamaban Devoto, ¡y no era un Devoto! Nosotros tuvimos una política de meter para adentro, como pasa muchas veces en este tipo de negocios familiares. Cuando tenés una empresa que crece más en la parte comercial que la administración, la suplís con familiares, es así. En aquella época abrimos un club de videos que estaba de moda, y ponías a un pariente; ponías una panadería o una farmacia y también cada uno de la familia ponía un pariente. También pasaba en la administración de depósitos centrales”.
Cuando desembarcó el grupo Exxel en nuestro país, tenía un interés superlativo en adquirir la firma Devoto. Si bien Daniel Devoto confiesa que “no entraba en la cabeza de nadie que se vendiera”, después de varios intentos decidieron escuchar que era lo que tenían para plantearles. “¿Sabés lo que pasó? Vos sabés que tu auto vale 20 lucas y cuando lo vas a vender te pagan 10. Mi auto vale lo que alguien me quiere pagar. Entonces dijimos: vamos a escucharlos, a ver cuánto vale la empresa. Así empezamos. Tiraban una cifra y nosotros decíamos “no”. Venían a los cuatro meses y tiraban otra cifra… La verdad: no queríamos vender”.
Pasó el tiempo y algunas circunstancias empezaron a cambiar: “Llegó un momento en que sentíamos que se venía un cambio generacional. Mi viejo tenía en ese momento 76 años, se llevan dos años los varones, 74, 72 y 70. La ley de la vida era que en algún momento… iba a pasar. Y abajo veníamos como veinte. Como cualquier empresa familiar iban a comenzar los quilombos. Mientras estuvieran los cuatro viejos estaba todo bárbaro”. La idea de vender empezó lentamente a hacer carne en la mayoría de los descendientes de los fundadores de la empresa. Y ellos fueron los encargados de ir planteando esa posibilidad a “los viejos”.
Finalmente se concretó. “Y vendimos. Fue en el 98. Como catorce locales: Sayago, Portones y Punta del Este, que fue algo tremendo. En Punta del Este teníamos una sala de reuniones con vidrios oscuros del que se veía todo el salón, estábamos todos sentados mirando cómo se vendía, se nos caía la baba. Por metro cuadrado no creo hubiera en el mundo un supermercado que vendiera más en enero. ¡A las tres y media de la mañana las cajas estaban todas llenas!”.
Otra razón de peso para vender es que existía la posibilidad de que entrara el Grupo Casino, competencia internacional en el rubro, y eso preocupaba. Hubo una tercera razón: el volumen de dinero. Daniel Devoto recrea lo vivido: “Comenzamos a subir el precio y llegó un momento en que no se pudo decir que no. Nos miramos todos, miramos a mi viejo. Era tan inteligente que se dio cuenta que lo mejor para todos era vender. (…) Me propusieron partir la diferencia y yo ya tenía el Ok. de que por esa diferencia vendíamos igual. Nosotros éramos de la escuela de que dábamos la palabra y después no te podés echar atrás. Terminé dando el sí. Cuelgo el teléfono y en una de las oficinas estaban mis hermanos y mis primos. Entro y les digo: “vendimos la empresa”. ¡Quedamos todos muertos! Y claro, nos pegó a todos muy fuerte. En ese momento llega mi viejo y le digo: “Viejo, vendimos la empresa”. Y me sorprendió con su respuesta: Vamos a festejar, ¿no era lo que querían todos? Bueno, vamos a festejar”. Un espíritu tenía el tipo ese, un animal”.
(…) Devoto se vendió en una suma superior a los cien millones de dólares (a dividir entre las cuatro familias fundadoras).
(…) Daniel Devoto decidió seguir haciendo negocios. Tenía visto el tema de las farmacias, en el que sentía que la atención al cliente era mala, y que había mucho para trabajar allí: “Vi que las farmacias estaban como en la época de los almacenes. Vendían en negro, no trabajaban los sábados y los domingos, a las 8 de la noche cerraban. Para encontrar una farmacia tenías que comprar el diario, ubicar una de turno y de repente de Carrasco te tenías que ir hasta Propios y Rivera para conseguir un medicamento. Era todo una rosca que no pensaban en el consumidor, estaba todo en pañales. Al final los supermercados comenzaron a quedarse con todo. Cepillos dentales, jabones… y las farmacias cada día tenían menos. Ahí vi la oportunidad y arranqué con todo esto”.
(…) A mediados del 98, casi en simultaneo con la venta de Devoto al Grupo Exxel, Daniel se quedó con las tres farmacias (Sayago, Pando y Piriápolis), otrora Devoto, y fundó la cadena de farmacias “Farmashop”, apuntando a llenar esa necesidad comercial que intuía estaba desaprovechada…
En 2007 llegó a las 30 farmacias y en 2008 superó las 40. Cuando Daniel Devoto vendió la cadena a Linzor Capital Partners, la cadena Farmashop superaba los 75 locales.
(…) Actualmente Daniel Devoto es el dueño de una nueva propuesta de cadena de negocios, los Frog Maxishops, con un formato novedoso que está a medio camino entre quiosco y un autoservicio, parecido a las tiendas de las estaciones de servicio.