martes 25 de junio, 2024
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La columna infiltrada: Crisis del 2002- NI EL SEGUNDO AJUSTE FISCAL

… ni las nuevas ayudas prometidas por los organismos internacionales de crédito conseguían reinstalar la confianza de los mercados financieros. El martes 28 de mayo, el mismo día que Kohler había dicho que Uruguay merecía “apoyo internacional” por la determinación del Presidente Jorge Batlle y del Parlamento para enfrentar la crisis, la calificadora británica Fitch bajó tres escalones la nota de la deuda uruguaya y la ubicó en la categoría de riesgo “creciente”. Fitch advirtió sobre la severa y continua caída de los depósitos financieros y la pérdida de 1.400 millones de dólares en reservas registradas en abril. La agencia creía que la capacidad del Estado uruguayo para seguir asistiendo a los bancos ante la corrida era “limitada”, incluso teniendo en cuenta el “apoyo adicional de agencias multilaterales” y el nuevo ajuste fiscal aprobado por el Parlamento.
Los bancos, a su vez, habían iniciado una campaña publicitaria en los medios de comunicación en un intento por inyectar en el público la confianza que necesitaban como el agua para no desmoronarse. El domingo 26, la agencia Lowe-Ginkgo, a la cual se le había encomendado la campaña, convocó a una reunión en su sede de la calle Sarmiento. Estaban, además de los responsables de la Agencia, Carlos Ramela y José Villar en representación del gobierno, Horacio Vilaró, gerente general del Bank Boston, y Eduardo Fernández y Juan José Ramos en nombre de AEBU. Los sindicalistas fueron enterados en esa instancia de que todos los bancos públicos y privados (excepto el Banco Galicia) y la cooperativa COFAC habían acordado lanzar una campaña publicitaria en defensa del sistema financiero e invitaron a AEBU a sumarse a ella, aceptando que la sigla del sindicato también apareciera en los avisos. Querían hacerlo de ese modo “para salir todos juntos” con el argumento de que en realidad se estaba firmando por el Uruguay. Fernández y Ramos negaron el concurso del sindicato. Les parecía una reacción tardía. “¿Qué hicieron ustedes durante los últimos meses por los bancos privados?”, preguntaron dirigiéndose principalmente a Vilaró. “¿Recién ahora reaccionan, cuando la corrida ya es imparable? ¡Nosotros lo venimos advirtiendo desde enero y ahora se perdieron la mitad de las reservas! Ahora, AEBU no se suma.”
Los dirigentes bancarios estaban muy molestos por la conducta de los políticos desde el inicio de la crisis y también por la pasividad que las autoridades de los propios bancos habían mostrado hasta entonces, pese a que veían igual que ellos cómo su propio negocio se caía ante sus propias narices. Fernández y Ramos habían sostenido encuentros con todos los líderes políticos casi desde el inicio mismo de la corrida y no habían podido convencerlos –por lo menos no a todos- de que el asunto era mucho más serio de lo que imaginaban. Habían hablado con Batlle, Vázquez, Lacalle, Sanguinetti, Seregni y otros dirigentes pero no habían sido capaces de persuadirlos con sus argumentos sobre la necesidad de articular una estrategia común para que el Uruguay asumiera el problema como lo que era: un asunto de Estado. La dirección del sindicato había tomado nota de que el vendaval podía abatirse como consecuencia de la crisis argentina desde diciembre de 2001. Ya el 21 de diciembre, al día siguiente de la renuncia del Presidente De la Rúa, el Consejo Central evaluar exclusivamente los posibles efectos que la crisis argentina podía tener sobre la plaza financiera uruguaya y, por tanto, sobre los propios empleos de los bancarios. Durante aquella sesión, la dirección del sindicato alertó que el Banco Galicia Uruguay podía verse arrastrado por la hecatombe argentina y decidió seguir “muy atentamente” la evolución de su situación.
El 8 de febrero, Fernández y Ramos sostuvieron un encuentro con el Presidente Batlle en el edifico Libertas para plantearle sus preocupaciones. Ramos en particular habló mucho con el liderazgo político del país, incluso a título personal, exteriorizando su profunda inquietud por lo que se veía venir.
Sin el apoyo de AEBU, la campaña de Lowe-Ginkgo se lanzó de todos modos la semana siguiente a aquel domingo de mayo, con la firma de ABN Amor Bank, Banco ACAC, American Express Bank, BBVA Banco, BankBoston, Citibank, COFAC, Banco Comercial, Banco de Crédito, Discount Bank, Banco Hipotecario, HSBC Bank, LLoyds TSb, Montevideo/Caja Obrera, Banco de la Nación Argentina, BROU, Banco Santander, Banco Sudameris y Banco Surinvest. Los avisos apelaban a los símbolos del escudo nacional uruguayo para desarrollar el siguiente texto: “Justicia. Fuerza. Libertad. Abundancia. Justicia seria e independiente. Fortaleza para oponernos a las dificultades propias y ajenas. Respeto por la libertad y el derecho de los ahorristas. Estamos para que el fruto del trabajo y el ahorro de los uruguayos retorne como inversión productiva. Con reglas claras y respetadas, podemos estar tranquilos. Confiemos en Uruguay”.


Datos extraídos del libro Con los Días Contados del periodista Claudio Paolillo, de editorial Fin de Siglo.