sábado 2 de marzo, 2024
  • 8 am

Debe ser fiesta

Padre Martín Ponce de León
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Padre Martín Ponce de León

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Por el Padre Martín Ponce De León
En diversas oportunidades los relatos evangélicos nos plantean la necesidad de vivir al encuentro con Jesús como una fiesta.
Fiesta dice de celebración y alegría.
Fiesta dice de encuentro que se comparte.
Fiesta dice de intercambio pleno de espontaneidad.
Sin duda que Jesús se nos presenta buscando, con cada uno de nosotros, un encuentro pleno de naturalidad.
Jesús buscaba, con mucha frecuencia, los encuentros con los demás comida mediante.
Eran encuentros distendidos donde la fraternidad primaba por sobre todo.
Es muy fácil dejar volar la imaginación e imaginar aquellos encuentros “mesa por medio”
Quienes le recibían desearían escuchar todos y cada uno de sus relatos colmados de vivencias que despertaban fascinación.
Quienes le recibían no quitarían los ojos de sobre aquel ser que comía con frugalidad y conversaba con naturalidad.
Jesús, en sus comidas, no era “el personaje” atendido sino el amigo que se encuentra y comparte.
Una mesa sencilla, sin necesidad de grandes protocolos, una comida simple, sin mucho bullicio pero con gran intimidad y regocijo.
Era un momento donde todo resultaba disfrutable.
Era disfrutable recibir a Jesús y contemplar los rostros luminosos de quienes lo recibían.
Era una fiesta donde cada presente disfrutaba lo que tal encuentro iba despertando en su corazón.
Aquellos encuentros eran una fiesta en el mejor sentido de la palabra.
Una fiesta sin más música que las vibraciones que el corazón despertaba.
Una fiesta sin más gozo que el poder compartir la mesa.
Una fiesta donde, en oportunidades, las mejores palabras eran los silencios y las miradas.
Una fiesta donde no había ni un protocolo a seguir ni un ritual que cumplir.
Con el paso del tiempo se fue sustituyendo la fiesta por la solemnidad y los ritos.
Resultaba casi una falta de respeto el encontrarse con Jesús con espontaneidad y naturalidad.
También se buscaba que la universalidad fuese una realidad tenida en cuenta. Para ello se buscó una uniformidad que fue llevando a que se perdiese la fiesta. Entró la solemnidad, la estructura, lo convencional y lo ritual.
Son muy respetables quienes necesitan de mucha solemnidad para poder entrar en sintonía con lo trascendente.
Deberían ser muy respetables quienes buscan retomar aquello de que el encuentro con Jesús es, en primer lugar, una fiesta y se animan a dar pasos en tal sentido.
Para Jesús ha de ser mucho más significativo aquel encuentro “mesa por medio” que algunos rituales cargados de solemnidad que saben poner distancias.
Jesús es encuentro personal.
Jesús es fiesta de encuentro.
Jesús es gozo compartido.
Para ello debemos recuperar el sentido de la fiesta y animarnos a hacerlo celebración.