sábado 15 de junio, 2024
  • 8 am

Arturo Arruabarrena Chiazzaro

César Suárez
Por

César Suárez

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Por el Dr. César Suárez
Arturo Luis Arruabarrena Chiazzaro nació el jueves 11 de octubre de 1945 y era mi amigo.
Yo que nací en el departamento de Lavalleja, vine a recalar en Salto en el año 1981 y cuando tomé la determinación de vivir aquí por siempre, obviamente me iba encontrar con personas que nunca antes había visto y a generar nuevos vínculos con diferente grado de cercanía y si bien no recuerdo con precisión cuando fue el primer contacto con Arturo, si me imagino que fue por razones profesionales ya que él era el propietario junto su socia Gladys Pistone de un laboratorio de análisis clínicos en la calle Rivera, junto al club Dublín Central llamado Laboratorio Salto.
Ese laboratorio era muy prestigioso y solía ser uno de los preferidos por los médicos para dirigir a sus pacientes.
Ya pasaron más 40 años, Arturo era joven y muy actualizado para aquella época y lograba un intercambio muy fluido con todos los médicos que lo requerían buscando su opinión para generar una correlación con la situación clínica del paciente en cuestión. Él era muy comprometido con su trabajo, con la situación de cada paciente aportando todo su conocimiento y comprometiéndose a estudiar cada tema cuando había dificultades diagnósticas para sumar aportes en una época que no existían máquinas automatizadas y había que hacer cada análisis en forma artesanal lo que retrasaba la obtención de los resultados.
Fue así fuimos elaborando un mayor acercamiento, personal y familiar ingresamos en una relación de amistad que perduró hasta que lo tuvimos que despedir junto a su familia hacia su última morada.
Su característica más destacada era su solidaridad con todo quien la necesitara.
Mucho de su forma de ser y sentir lo dejó plasmado en sus poesías, otro de los artes con lo que manejó con solvencia, así como su sensibilidad social que lo expresó por siempre a través de su compromiso político.
Nuestro punto de encuentro más común era en el club Centenario donde los reuníamos a jugar pelota a paleta y durante varios años nos enfrentábamos en reñidos partidos una o dos veces por semana, encuentros que solía durar un par de horas, sobre todo cuando no había más gente esperando turno.
Arturo era zurdo y a mí me costaba mucho neutralizar su juego porque siempre me tiraba la pelotita hacia el tambor que está en el lateral izquierdo de la cancha, y la pelota se iba picando por encima de él hasta el fondo de la cancha y como yo soy diestro, se me dificultaba la devolución, que llegaba muy débil al frontón, dejándole la jugada servida. Después de mucho tiempo y mucho ensayo, yo aprendí a devolver con la zurda y se comenzó a emparejar el juego.
Ya hace muchos años que habíamos dejado de jugar, yo hice una tendinitis de mi codo derecho que me apartó de este apasionante deporte y cuando me mejoré ya no tuvimos más oportunidad de volver a jugar, pero siempre manteniendo una cercana amistad.
Después cambió su laboratorio de lugar para la calle Artigas al lado del Centro Médico.
Había incorporado a su staff a un Químico joven de primer orden, mi amigo Marcelo Lucas transformándose primero en empleado y luego socio,
Marcelo, se transformó en un discípulo ejemplar de Arturo al que le transfirió su experiencia a la que le fue agregando en forma continua la modernización tecnológica a su laboratorio, pero manteniendo lo esencial, la bonhomía, amabilidad y empatía que obviamente ya era parte de su personalidad y su disposición a colaborar y asesorar al cuerpo médico cada vez que es necesario.
Después, cuando consideró cumplido su ciclo, se retiró de su actividad profesional con la tranquilidad que dejaba en su lugar a quien seguiría su huella.
Hace unos años me manifestó que estaba enfermo lo que lo que lo hizo transitar por varias intervenciones quirúrgicas y tratamientos, pero siempre con su buen ánimo y bonhomía, pero lamentablemente al final perdió la batalla y se fue dejando en todos nosotros que lo conocimos más que gratos recuerdos, vaya para toda su familia mi más hondo sentimiento solidaridad y pesadumbre donde a pesar de yo no tener un vínculo familiar, también me siendo deudo porque era mi amigo y su pérdida me dejó profundamente afectado.