Por el Dr. César Suárez
La mejor manera de transitar por la vida es reconociendo que cada uno suele tener limitaciones y tratar de encontrar estrategias para pelear eficientemente contra eso.
Confieso que tengo dificultad de acordarme del nombre de personas, en parte porque por mi profesión me tengo que interrelacionar con muchos individuos y en parte por el desgaste natural de la capacidad de recordar las cosas recientes a medida que uno se va haciendo cada vez mayor.
Pero más allá de los olvidos naturales de cada uno, constantemente, necesitamos recordar cosas. En mi profesión es muy importante recordar nombres de personas, nombres de medicamentos, nombres de diagnósticos que en ocasiones suelen esconder en vericuetos insondables de la memoria y por más esfuerzo que se haga, sólo vuelve a la luz cuando ya no los necesito.
Diariamente me tengo que relacionar con decenas de personas diferente y como ya sé que de muchas de ellas no me voy a acordar de su nombre cuando lo necesite, la tecnología moderna me ha permitido generar una suerte de “prótesis”, de memoria externa a través de un pequeño aparatito de bolsillo, denominado teléfono celular.
Los teléfonos inteligentes, son sin duda una herramienta con un potencial incalculable si se usan inteligentemente y también una herramienta nefasta si se usan con fines arteros.
Yo habitualmente me agendo el nombre de cada persona con la luego me tenga que comunicar o encontrar y cada nombre le agrego una palabra de referencia, tal como especialidad si se trata si se trata de un colega, profesión, empresa a la que está relacionada, trabajo, incluso diagnóstico para buscar por ahí para aproximarme al nombre que busco y luego, colocando la palabra clave se logra que el teléfono inteligente se encargue del resto.
Esa “memoria externa” es para mí una herramienta prodigiosa, porque, además, con los buscadores de internet, utilizando palabras sueltas en la búsqueda nos va conduciendo mágicamente a lo que necesitamos encontrar, si esto fuera poco, se ha transformado en una herramienta de comunicación extraordinaria, de cualquier lugar donde uno esté, terminando por estar cerca, con cualquiera en cualquier lugar que el otro esté.
Las plataformas de la comunicación múltiple con imagen que facilitan el intercambio en línea ha terminando ser una bendición para la democratización del acceso al conocimiento.
Yo que he tenido la oportunidad de vivir la transformación de las comunicaciones en toda su evolución, inevitablemente me embarga una enorme emoción, sobre todo, porque a través de varias décadas tuve que viajar más de cien mil kilómetros para mantenerme actualizado con la evolución acelerada del conocimiento médico, hoy, sentado, en mi oficina, frente un ordenador tengo la posibilidad de interactuar con profesionales de la medicinas situados a pocos metro hasta miles de kilómetros de distancia sin tenerme que mover de mi casa.
Quizás que todos los que crecieron con todas estas herramientas al alcance, no puedan apreciar la dimensión del cambio, pero esta herramienta inteligente ha cambiado la vida de las personas gracias a la capacidad e inteligencia de los desarrolladores informáticos que generan aplicaciones mágicas para que podamos acceder a tantas herramientas, una industria sin chimenea, sin insumos materiales, sólo ondas hertzianas e inteligencia, que carecen de materia pero que mueven al mundo con una fuerza incomparable.
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