sábado 5 de abril, 2025
  • 8 am

Sin un gusto

Padre Martín Ponce de León
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Padre Martín Ponce de León

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Avisos judiaciales

Por el Padre Martín Ponce De León
Una de las actividades reconfortantes de cada semana era poder salir de recorrida por diversos barrios de la ciudad. Concluía la actividad y, por buen rato, mi mente se entretenía en repasar lo compartido.
Era una actividad donde uno podía encontrarse con lo más variado de la realidad dentro de un contexto de esfuerzo, entrega y solidaridad. Caras serias y sobrepasadas de compromiso. Caras sonrientes y colmadas de fuerza y proyectos. Personas de escasas palabras y las de abundancia de ellas.
Cada una de las recorridas era una oportunidad para recibir lecciones sobre pastoral de cercanía y de lo eficaz de tal actividad. También era una oportunidad para encontrarse de lleno con la condición humana y sus espontáneas manifestaciones.
Lo mío se limitaba a acompañar, escuchar y a aprender. Debo reconocer que regresaba, al fin de la actividad, colmado de dicha. Tal vez, en alguna oportunidad, alguna situación me molestó, pero esa molestia se perdía cuando comenzaba a revivir lo experimentado.
Por más que me resista a aceptarlo, debo reconocerlo, por diversas razones he sido suspendido de realizar esa actividad. Sobradas razones tienen al haberme “borrado” de la actividad. Era un gusto y me veía imposibilitado de disfrutarlo. Lo evidente es que está bien que así sea por más que me cueste aceptarlo.
Me gustaba escuchar los diversos relatos que, en cada lugar, se brindaban. Me gustaba poder aprender de aquella gente y su sencillez. Me gustaba escuchar los reiterados y variados pedidos que planteaban.
Uno podía encontrarse con aquellos que, siempre, requerían de mucho tiempo para escuchar sus conflictos y dificultades. Se podía encontrar con realidades plenas de dificultades, pero con todas las ganas de poder intentar superarlas. Se encontraba con aquella que, con alegría, relataba sus logros en su vuelta a clase para poder concluir el ciclo básico pese a su edad.
Eran lecciones de vida que se recibían y que invitaban a superar las tontas dificultades que uno podía estar viviendo. Era el encuentro con un Cristo vivo que no se pone de espaldas a la realidad, sino que le hace frente a la misma e intenta transformarla.
Era la oportunidad de escuchar realidades y saber no se tiene respuesta para todas las situaciones. Resulta imposible pretender tener respuesta para todas las realidades con las que uno podía encontrarse o para calmar las lágrimas que acompañaban algún relato.
En estos días esa actividad es, únicamente, un grato recuerdo, pero, espero, sea solamente una situación transitoria y, dentro de poco tiempo, pueda volver a integrarme a ella.
Intento vivir este “estar borrado” como una lección que debo aprender y, como tal, debo asumirlo. Disfruto de la actividad, pero, tal vez, nunca hice mucho como para manifestar lo importante que me resultaba hacerla.
Era un regalo que Dios había puesto en mi camino y, muchas veces, me limité a ser un simple espectador de la misma. Hoy valoro, de manera especial, la oportunidad que se me brindaba y no sabía valorar debidamente.
También, debo reconocer, hoy siento como una falta ese encuentro con la realidad que tanto me gustaba por más que intente suplir esa ausencia con otros encuentros con diversas situaciones del hoy.
Espero y confío que mi estar “borrado” responda a una situación transitoria y pronto pueda volver a sentir él: “Lo pasamos a buscar. Baje”