viernes 1 de marzo, 2024
  • 8 am

Por el Dr. Guillermo de Nava: La defensa de la carne y su producción

El Dr. Guillermo de Nava, envió a CAMBIO un interensante artículo sobre la producción cárnica y un tema que se encuentra entre los principales cuestionamientos realizados a este sistema de producción, el impacto de los gases del efecto invernadero. A continuación le transcribimos dicho artículo.
La defensa de
la carne y su
producción
La asociación de estudiantes de la Universidad de Edimburgo está discutiendo una propuesta para prohibir la carne en las cantinas de esa Institución en una iniciativa que catalogan como “ecológica”. En efecto, la moción, presentada hace solo unos pocos días en la reunión del consejo estudiantil y firmada por unos 580 estudiantes, cita investigaciones que indican que reducir el consumo de carne puede reducir el impacto de gases de efecto invernadero y la contaminación, así como conducir a dietas más saludables.
Mientras que la mayoría de los que estamos involucrados de una manera u otra en la producción ganadera sabemos que las evidencias en ese sentido son débiles, y que muchos de los que sostienen la posición en contra del consumo de la carne vacuna están desinformados, el episodio de los estudiantes escoceses es solo una muestra más, de tantas, sobre la idea que mucha gente joven, -y no tan joven-, está teniendo sobre la carne, sobre el impacto que tiene su producción para nuestras sociedades y para la dieta humana, acerca de sus connotaciones en el trato animal y sobre el efecto que tiene la ganadería sobre el ambiente.
El rumbo hacia donde se están dirigiendo las preocupaciones y preferencias de muchos consumidores en el mundo está cambiando.
Por supuesto que somos conscientes que no solo el ganado no es “el villano”, como muchos lo están percibiendo, sino que la producción ganadera pastoril, particularmente aquella que se realiza sobre el campo nativo preservando su tapiz como ocurre mayoritariamente en nuestra región, hace una enorme contribución positiva sobre el ambiente.
Están surgiendo cada vez más datos relevados científicamente, -la aportada por el estudio de la prestigiosa consultora Quantis en White Oak Pastures del Sr Will Harris en el Estado de Georgia, surgida a mitad del 2019 es una de ellas-, sobre cómo las vacas manejadas sobre pasturas ayudan a secuestrar carbono de la atmósfera, incluso al tomar en cuenta la actividad de la industria frigorífica y la distribución del alimento en esos sistemas.
Los que lidiamos con los ganados sabemos que nuestra actividad impacta positivamente sobre la diversidad de la fauna y flora, sobre los suelos y la tierra. Tenemos claro, además, que la carne vacuna es un alimento extraordinario, con gran valor nutritivo y una alta palatabilidad, que proporciona una experiencia única al comerla y que es producida de tal forma que tiene una alta seguridad alimentaria para los consumidores. Sin embargo, como lo muestra el ejemplo de estos universitarios en Edimburgo, es un hecho que la percepción de las personas sobre la carne se está deteriorando a nivel mundial.
La valoración del rol de los productores ganaderos, del cuidado que los productores tienen sobre el ambiente y sobre el trato a los animales, su percepción sobre la carne como alimento y la confianza sobre su bioseguridad, está cayendo en muchos países a un ritmo vertiginoso. Esto ha hecho que algunos analistas se aventuraran a proyectar que la ingesta de símil carne, un alimento altamente procesado en base a vegetales cuyo consumo está aumentando en países como Estados Unidos, va a sobrepasar a la de carne natural en el mundo en solo un par de décadas.
Así que, ante estos hechos, aquellos que estamos vinculados a la producción de carne vacuna tenemos básicamente dos opciones. Podemos ignorar este fenómeno y plantarnos con firmeza en nuestra postura. Podemos de esta forma cerrarnos, basados en nuestro propio conocimiento sobre el valor que tiene la carne; abroquelarnos con nuestras historias y las de nuestros padres y abuelos en el convencimiento que estamos en la posición moral correcta. O, por el contrario, podemos reconocer que está habiendo un cambio en las preferencias de los consumidores, que las nuevas generaciones pueden eventualmente tener algunas razones válidas para ello, y que se trata de argumentos y preferencias que debemos conocer para poder contrarrestarlos con inteligencia, si es del caso hacerlo.
Yo me afilio a esta última alternativa porque parto de la base que mucha gente, como los estudiantes firmantes de la moción que intenta prohibir la carne en las cantinas de la Universidad de Edimburgo, tienen básicamente buenas intenciones. De forma tal que nuestra labor podría ser dar a conocer a los referentes internacionales, principalmente a los de las generaciones más jóvenes, la forma en que se lleva a cabo nuestra producción, el cuidado que tenemos con los animales y con el suelo, y las características del ambiente en que producimos.
Debemos hacer conocer los esfuerzos que ponemos para que nuestros animales tengan una vida que merece ser vivida, y cómo eso transforma efectivamente al ganado y a nuestra actividad en una herramienta esencial en un sistema agroecológico en funcionamiento. En este caso, se puede hacer que nuestras historias, esas que cuentan acerca de los diferentes protagonistas y sus familias, sobre el amor por el campo y el cariño por los animales, un relato que está indisolublemente ligado a lo que hacemos, sean también parte del producto que queremos defender.
También supone la responsabilidad de estar atentos a los aspectos en los que podemos mejorar nuestros procesos productivos, para poder corregirlos si fuese del caso hacerlo, no solo porque eso contemplará las preocupaciones de nuestros clientes potenciales, sino fundamentalmente porque lo hará con las propias.
De forma tal que se debe generar un canal de comunicación válido para contarles a las nuevas generaciones de todas las latitudes, como los son los estudiantes edimburgueses, porqué quienes somos productores y consumidores de carne tenemos una posición moralmente muy sólida, basados precisamente en los mismos campos ambientales, de salud humana y de trato y bienestar animal que los preocupados consumidores quieren con legitimidad defender.