sábado 28 de enero, 2023
  • 8 am

Restauración

Padre Martín Ponce de León
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Padre Martín Ponce de León

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Padre Martín
Ponce De León
Hace mucho tiempo un sacerdote me invitó a mirar lo que estaban realizando en el templo. “Flaco, (siempre me decía así) andá a ver lo que están haciendo. Vale la pena”
No había albañiles ni pintores. Era el tiempo de los restauradores.
Con unos pinceles muy pequeños hacían frente a distintas partes del interior del tiempo.
Con infinita paciencia se dedicaban a darle nueva vida a pinturas que el tiempo se había encargado de empobrecer, opacar o descascarar.
Con infinita paciencia iban restaurando, poco a poco, aquellas letras, líneas o figuras.
Era notoria la diferencia entre lo realizado y lo por realizar.
Los colores brillaban plenos de luminosidad, las sombras volvían a serlo y las figuras resaltaban como si fuesen nuevas.
Era un trabajo donde no había prisa sino muchísima dedicación.
Aquellas personas no dudaban en lo que hacían por más que lo hiciesen con tremendo cuidado.
Esa tarea viene, hoy, a mi memoria cuando continuamos transitando por este tiempo de preparación de Navidad.
Alcanza con mirar a algunas personas para descubrir el desafío que este tiempo implica.
Existen seres, a los que podemos conocer, que nos deslumbran con sus colores y sus brillos.
Son seres que, con su actuar, nos muestran que es posible una vivencia cristiana clara y elocuente.
Son seres que, desde su entrega, nos hacer reconocer, con nitidez, los valores cristianos que mucho podemos admirar.
Seres que con naturalidad viven la solidaridad, la entrega, la alegría, la cercanía, la dulzura, la ternura y la generosidad.
Son seres que brillan con luz intensa y se nos hacen un grito intenso de que lo de Jesús es posible aquí y ahora.
Esos seres nos hacen tomar conciencia de que nuestros colores de vida necesitan ser restaurados para que los de Él brillen con nitidez.
Este tiempo de pandemia que nos está tocando vivir nos ha hecho modificar muchas cosas pero ninguna de ellas debe hacernos perder de vista nuestra vivencia de cristianos.
No es que tengamos que realizar un camino pleno de novedades sino que, tal vez, necesitemos restaurar muchas de nuestras realidades.
El tiempo del adviento que estamos viviendo debe ser un tiempo de restauración.
Un tiempo donde provistos de gran paciencia vayamos restaurando, desde nuestro interior, la realidad de Jesús que debemos vivir.
Un tiempo donde, con amor grande, vayamos restaurando nuestra relación para con Dios y los demás.
Un tiempo donde nada debe motivarnos a la prisa o a los impulsos alocados. Es un tiempo de reflexión y oración. Un tiempo de introspección y correcciones valientes.
Navidad es la certeza de que Dios quiere nacer utilizando nuestros brazos como el mejor Belén que puede encontrar y por ello y para ello debemos restaurarnos.
Navidad es un tiempo donde se hace presente la solidaridad de Dios con cada una de nuestras esperanzas y, para ello, necesario es que restauremos la disponibilidad de nuestros brazos.
Muchas veces, en nuestros brazos, hay demasiadas cosas y no hay espacio para Navidad.
Muchas veces nuestros brazos están cansados de tantas situaciones que nos impiden poder sostener la fragilidad de Jesús recién nacido.
Por ello es que debemos animarnos a restaurar nuestra realidad.
Es una tarea en la que debemos empeñarnos puesto que nadie habrá de poder realizarla por nosotros.
“Vale la pena” y hacía referencia a la tarea de los restauradores. Tarea que debemos realizar en nosotros para que nuestra Navidad nos deslumbre con sus mejores colores.