domingo 21 de abril, 2024
  • 8 am

Permanente novedad

Padre Martín Ponce de León
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Padre Martín Ponce de León

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Por el Padre Martín Ponce De León
Me da miedo, Señor, reconocer “tu novedad”.
Porque es una “novedad” que proclamaste hace dos mil años y aún continúa siendo “novedad”.
Tú has querido que lo nuestro se centrase en una postura coherente ante Dios y ante los demás y………..
Es un poco lamentable lo que hemos realizado durante todo este tiempo.
Señor, no quiero caer en lo simple de responsabilizar a los demás de……..
Yo he sido constructor de mi historia y la misma no difiere en mucho de la historia de la humanidad.
Claro, todo se limita a una escala más reducida pero………..
Lo que puedo señalar de los demás bien lo puedo señalar en mí.
Es incómodo pero creo que es lo más honesto.
Lo otro es lo más fácil y a lo que hemos limitado nuestra toma de conciencia.
Continúas manifestando: “Amar a Dios con todas tus fuerzas y al prójimo como a ti mismo”.
Creo que lo único que he puesto en práctica ha sido eso de “….. a ti mismo”
Lo demás aún estoy por comenzar a intentarlo.
Por ello es que lo tuyo es “novedad”
¿No podías haber sido más sencillo en tu pedido?
¿Cómo se te ocurrió centrar tu prédica en el amor?
Pero, no solamente, nos dejaste ese precepto sino que lo viviste para que supiésemos en lo que consiste el mismo hecho práctica.
En todos los momentos de tu vida la voluntad de Dios ocupó el primer lugar.
Todo lo hiciste para ser fiel al que te había enviado.
Con facilidad, hoy, decimos que los hombres están construyendo una historia donde pretenden prescindir de Dios.
Pero cuando me pregunto qué lugar ocupa Dios en mi vida me doy cuenta…………
Yo, también, muchísimas veces, he construido momentos de mi vida prescindiendo de Dios.
Si comparo tiempos entre la historia de los hombres y mi historia personal esos momentos de mi vida me animan a decir que………..
Sí, ya sé que soy cura y me es duro lo que voy a decirte pero………
¿Cuántas veces me he olvidado de escuchar a Dios?
¿Cuántas veces mi voluntad ha primado sobre la de Él?
¿Cuántas veces no he sabido escuchar sus signos?
¿Cuántas veces le he dedicado más tiempo a lo mío que a lo suyo?
Si lugar a dudas que el “con todas tus fuerzas” aún está muy lejos de ser realidad en mí.
Mejor ni hablo de mi confianza o de mi esperanza.
Suficiente es lo anterior como para continuar.
“Al prójimo como………”
¡Por favor! Mejor ni entrar en este campo.
Por ello es que debo confesarte algo que ya lo sabes muy bien: tu propuesta es, para mí, una absoluta novedad.
Si todo se limitase a saber tu propuesta te diría que desde siempre he conocido este tu mandato.
Pero Tú no te conformas con la teoría sino que deseas la haga vida.
Es en la puesta en práctica donde todo mi cristianismo se complica.
¿Qué me importa que pueda consolarme con el hecho de que para todos es igual?
¿De qué me sirve un triste consuelo de tontos?
Claro que me gustaría poder decirte que, ante mi realidad, me veo impedido de juzgar a los demás pero ni siquiera esto puedo decirte porque muchísimas veces lo he hecho.
Y entonces…………
Solamente me queda el aferrarme a la misericordia del Padre, tomarme de tu mano y dejarme conducir por el Espíritu para intentarlo una y mil veces.
Desde hace dos mil años tus contemporáneos decías que enseñabas de una manera nueva.
Hiciste una propuesta de amor y la hiciste vida en ti para mostrarnos que era posible.
Sé que es una novedad puesto que aún tengo mucho para aprender a vivirlo.
¡Ayúdame, Señor!
Quiero vivir en cristiano.