Miércoles 5 de mayo, 2021
  • 8 am

“Una vara de almendro” (7)

Pablo Galimberti
Por

Pablo Galimberti

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Jana Amoblamientos

Mons. Pablo Galimberti
Memorias que
alimentan el presente
Con vientos de pandemia vivimos situaciones de confusión y expectativa con mayor frecuencia. En comparación con los gestos amistosos y solidarios que tanto bien hacen. Vacilaciones, sombras y dudas nos sobrevienen con mayor frecuencia, como muros invisibles.
Las relaciones humanas se crispan y polarizan con más frecuencia. Disminuye la capacidad de reconocer y devolver gestos gratuitos de un cónyuge, familiar, vecino, adversario o del que piensa diferente.
Garet nos sorprende planteándonos la siguiente escena. Un empleado imaginario, podría ser cada lector, debe colocar en un espacio público un cartel con esta leyenda: “No sé qué pedirte; pero Tú lo sabes”. Procura averiguar el lugar donde colocarlo: ¿a la entrada o salida de la ciudad? Espera indicaciones, pero nadie le responde. Mudos, ciegos, cada uno mira su celular. No se sabe quién transmite las órdenes. Tampoco las entienden. Como si rigiera una “conciencia autoritaria” (expresión de E. Fromm) que entorpeciera razonar y expresarse con libertad. Prevalece un aparente acatamiento.
El mensaje para colocar no es una advertencia vehicular. Se asemeja al Salmo 139: “no ha llegado la palabra a mi lengua, y ya, Señor, te la sabes toda”. Sugiere que, antes de balbucear un pensamiento, nuestro Creador, con infinita sabiduría, ya lo sabe. Por lo tanto, en lugar de tartamudear y buscar infructuosos acuerdos entre compañeros mudos, podemos actuar guiados por nuestro propio soplo inspirador. Aproximarnos a la fuente de la Sabiduría nos garantiza seguridad y confianza.
Multiplicar leyes, decretos, reglamentos, controles… puede ayudar. Pero no garantiza automáticamente resultados exitosos.
“La única indicación que me llegó -dice el funcionario- es que el cartel fuera visible solamente para el que mire hacia arriba”. Aquí está la joya del relato.
A la “conciencia autoritaria”, controladora, se opone la “conciencia humanista”. Esta “no es la voz interiorizada de una autoridad a la cual estamos ansiosos por contentar y temerosos de contrariar; es nuestra propia voz, presente en todo ser humano e independiente de sanciones y recompensas externas… La conciencia es así una re-acción de nosotros ante nosotros…” (E. Fromm. Ética y Psicoanálisis, 172ss).

Otro enfoque iluminador: Jacob, personaje bíblico, debe emprender un largo viaje (unos 1.600 km) huyendo de su hermano. Agotado, sueña: una escalera apoyada en tierra y cuya cima tocaba los cielos… Los ángeles de Dios subían y bajaban por ella. Y el Señor estaba sobre ella. Escuchar esa voz lo conecta con su pasado y futuro. Al despertar del sueño exclama: “¡Ciertamente el Señor está en este lugar, y yo no lo sabía!” (Génesis cap. 28). En situaciones angustiosas, cuando todos enmudecen, el cielo habla y orienta al viajero.
La milenaria sabiduría china ofrece una perla de sabiduría para resolver estos dilemas. En lugar de un “ping-pong” con las polaridades (Yan–Yin) propone “dar un salto” o “sobrepasar”. “Con ello, la tormenta no es privada de su realidad, pero no se está más en ella sino encima.” (Jung – Wilhelm, El secreto de la flor de oro, p. 32).
Sin violentar a Garet, me animo a proponer esta interpretación.