lunes 3 de octubre, 2022
  • 8 am

Asombrado

Padre Martín Ponce de León
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Padre Martín Ponce de León

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Por el Padre Martín Ponce De León
Hacía calor y ello era innegable.
Quien más quien menos, todos hablábamos del calor imperante.
Parecía como que a medida pasaban las horas el calor aumentaba sin tomarse un descanso durante la noche.
La queja de aquella persona era entendible.
A medida iba ampliando su relato lo entendible se hacía inentendible, al menos para mí.
Cuando comenzó a hablar le presté toda mi atención. Poco después ya me limitaba a escucharle para concluir asombrado y sin palabras.
“Me cuesta mucho poder dormir bien durante la noche”
“Me cuesta muchísimo, con estos calores, poder encontrar el sueño”
Hasta aquí le escuchaba con atención.
“En mi cuarto tengo aire acondicionado y lo tengo encendido pero igual el calor es incómodo”
“También prendo un ventilador para que el aire fresco llegue a todos los rincones de la pieza pero ni así. El calor es insoportable”
Aquí, apenas le escuchaba. Mi mente estaba en otro lado.
Le pregunté si no había pensado en las personas que no tenían aire acondicionado o ventilador en su casa.
Puesto que esas personas, sin duda, tenían mayores dificultades para conciliar un buen descanso reparador.
Mi miró muy serio y me contestó: “Que se jodan”
No esperaba tal respuesta y, tal vez por ello, me quedé asombrado.
Vino a mi mente el recuerdo reciente de aquella madre amamantando a su hijo pequeño mientras su hermanito acostado sobre una manta extendida en el suelo dormía al fresco de un ventilador que giraba desparramando un aire tibio dentro de aquella casa.
No podía decirme, ante el recuerdo, “Que se jodan”
Ese ventilador se lo habían obsequiado hacía muy poco tiempo y allí lo estaban disfrutando.
En ningún momento se quejaron del calor aunque el mismo era notorio.
Mucho menos se quejaron del ventilador que lo único que lograba era hacer circular, dentro de la casa, un aire un poco menos caluroso que a la intemperie.
El techo de chapas no favorecía a que existiese un aire fresco en aquella pieza y el ventilador, por más que girase, no aportaba mucho para modificar la temperatura interior.
Ellos tenían un ventilador que no lograba su misión pero no se quejaban.
Aquel tenía todas las posibilidades y se quejaba, tal vez, por ello mismo.
Es evidente que no puedo hacer generalizaciones puesto que se pueden encontrar quejas sobre la realidad en todos los ámbitos de la vida.
Pero me llenaba de asombro la postura de aquella persona ante la realidad de los demás.
Según su “Que se jodan” no hacía otra cosa que indicar que estaban así porque ello era lo que habían elegido.
Como si su situación, para nada grata, respondía a condiciones puramente personales.
Creo que nadie, deliberadamente elige vivir inmerso en carencias o limitaciones.
El “Que se jodan” no hacía otra cosa que manifestar su no le importan los demás y sus situaciones.
No le importan los demás y su situación que debe despertar algún tipo de cuestionamiento.
Muchas veces las abundantes carencias llevan a que uno se conforme con muy poco o con casi nada.
En oportunidades las posibilidades hacen que crezcan las expectativas y las causas de incomodidades.
Sin duda su “Que se jodan” no es único ya que, aunque no lo digan tan groseramente, son varios quienes piensan así y están lejos de ayudar a construir un mundo mejor.