lunes 3 de octubre, 2022
  • 8 am

Disfruto ver al cliente cuando entrego algo porque las palabras sobran y los gestos vienen del corazón

Hay personas que a veces inician una actividad que resulta vital en sus vidas, por eso CAMBIO charló con Mónica Huvatt, que lidera un emprendimiento gastronómico y le preguntamos cuando comenzó esta actividad y porqué se decidió a hacerla y nos dijo “Comencé hace 10 años porque a veces, llega un momento de la vida en que hay que tomar decisiones. Yo sólo había culminado el liceo, siempre me había dedicado a ser ama de casa, y lo único que sabía hacer era cocinar, por eso hablamos en familia y decidimos que había que salir a vender algo elaborado por mí.
GARRAPIÑADAS
Para comenzar, como no tenía dinero, le pedí prestado a uno de mis hijos que tenía 14 años, y me dio 400 pesos que tenía ahorrados y así fue que pude comprar los insumos necesarios.( 3 kg de maní y 3 kilos de azucar) para elaborar garrapiñadas, sin ninguna experiencia, en base a una receta que me dió una tía. Mi hijo mucho después me comentó, que cuando me los dió, estaba convencido que no se los iba a devolver. Tenía miedo de salir a vender, nunca lo había hecho y eso me paralizaba, pero me movía la necesidad de tener un trabajo y los primeros dos meses fueron muy difíciles, hasta que alguien me dijo, “vos no servís para la venta” , y eso en lugar de hundirme, me dio fuerzas y me prometí no volver a casa hasta vender todo lo que tenía, y lo logré.
COCINA INDUSTRIAL
A los 6 meses de haber empezado, llegué a comprar media tonelada de maní para hacer garrapiñadas y un comerciante me sugirió que elaborara pastafrola y comencé con una receta también proporcionada por un familiar y funcionó muy bien hasta que mi cocina comenzó a sentir el rigor con tanta elaboración y como necesitaba comprar una cocina más grande, recurrí a un familiar para que me auxiliara. Armé una cocina industrial y después que pagué, volví a pedirle, para comprar una batidora industrial porque me plantearon hacer tortas saladas.
SALADITOS Y
REPOSTERÍA
Huvatt prosiguió diciendo “Comenzaron a pedirme los amigos o los vecinos, tortas y otras cosas para cumpleaños que me permitió tener muchos clientes directos y hace 4 años decidí no vender más en la calle y me dediqué a elaborar en mi casa. Una amiga me anotó en un curso para aprender a hacer saladitos y asistí porque duraba solamente un día y podía tener una buena experiencia. Después que aprendí, comencé a practicar haciendo jesuitas y así logré mejorar el producto. Después tomé un curso de repostería profesional y debo destacar la ayuda que me brindaron muchas personas, en especial Ivana Palacios, una repostera que me conoció al comprarme saladitos para su cumpleaños y me recomendó a sus clientes.
VOLUNTAD Y
CONFIANZA
Le preguntamos qué es lo mejor de este trabajo y que aconseja a quienes desean emprender alguna actividad y nos contestó “Lo mejor de este trabajo es ver la cara de las personas cuando reciben la mercadería, porque ahí es cuando recibo el premio a tanto sacrificio y las palabras sobran porque los gestos vienen directo del corazón. Quién quiera emprender algo, lo único que necesita es voluntad, porque contratiempos va a tener muchísimos y seguramente le van a decir que es una locura.
El emprendedor corre muchos riesgos y lo importantes es tener la fuerza para ese paso, confiar en sus instintos y es muy importante el apoyo de la familia y seres queridos.