viernes 30 de septiembre, 2022
  • 8 am

La columna infiltrada

“Podremos meter la pata, pero no vamos a meter la mano en la lata…”

En su círculo de confianza Tabaré Vázquez ha explicado que en una campaña no se puede hacer un discurso profundo y reflexivo, por lo tanto maneja imágenes simples y fuertes, habla de “principios” y “valores”. Po ejemplo, durante la última campaña insistió en tres frases que repitió hasta el cansancio: “Cómo no va a haber recursos (para atender a los más necesitados), si hubo recursos para una manga de banqueros ladrones, de guante blanco, que se robaron la plata de los uruguayos, mientras que hay niños que comen pasto, que comen en los tachos de basura”. “Nos podemos equivocar, porque es de humanos equivocarse, pero en un gobierno del Encuentro Progresista –Frente Amplio – Nueva Mayoría, podremos meter la pata, pero no vamos a meter la mano en la lata, y al que la ponga se la cortamos, se la cortamos”. “Y el 1 de noviembre, vaya a saber desde dónde, desde qué lugar del Uruguay, cuando empiece a amanecer y a aclarar el horizonte y se empiece a dibujar el negro perfil del monte, les estaré diciendo “festejen uruguayos, festejen, que la victoria es de Uds.” A redoblar y hasta la victoria siempre. Y gracias.
EL analista Heber Gatto, uno de los hombres que desde una visión de izquierda más combatió a la izquierda marxista-revolucionaria, sostiene que Vázquez practica el populismo como estilo político, como lo hicieron antes innumerables experiencias latinoamericanas con esa orientación populista. “El populismo, de forma y rostros cambiantes, puede caracterizarse como un tipo de discurso destinado “al pueblo”, considerado como conjunto homogéneo y como depositario exclusivo de valores positivos, específicos y permanentes”, agregó Gatto citando a su vez a Norberto Bobbio.
Pero Vázquez es difícil de encasillar porque combina el saber científico con la picardía del barrio. Incluso ha utilizado el populismo que utilizaron durante décadas los caudillos blancos y colorados para sazonar sus discursos. Es por todos conocidos en la política uruguaya que los partidos tradicionales utilizaron el aparato del Estado con fines electorales. Muchos directores de ANCAP de esos partidos sabían poco y nada de hidrocarburos, pero donaron bolsas de portland con generosidad a través de sus clubes políticos. En cada campaña electoral era práctica corriente regalar chapas, bloques, chorizos e incluso pagar para conseguir el voto.
El 9 de junio de 2004, hablando en el Club de Recreativo Porongos de la ciudad de Trinidad, bromeó con ese tipo de populismo:
-¿Cómo vino Ud. hasta acá?, preguntó Vázquez a una anciana de 80 años que lo escuchaba en primera fila.
-A nosotros nadie nos enganchó, contestó la mujer.
-¿Les prometieron bolsas de portland, bloques, para venir?, insistió Vázquez.
Y agregó: Voy a hacer una moción de orden, si blancos y colorados les ofrecen 4 bolsas de portland y 100 bloques, pidan 8 bolsas de portland y 200 bloques; y después nos votan a nosotros, ironizó.
Vázquez también tiene el suficiente barrio como para empardar en sus recorridas por el interior a los líderes blancos que tienen oficio para moverse entre la paisanada. En 1994 en Guichón (Paysandú) ingresó a un bar y unos parroquianos lo encararon:
-“Sabe una cosa, nosotros votamos a los blancos”, le dijo uno de los paisanos.
-Está muy bien, muy bien, les contestó Vázquez.
-Pero le hacemos un desafío, le jugamos el voto al truco. ¿Sabe jugar al truco?, desafió el lugareño.
-Y sí, algo sabemos. ¿Cómo sería la apuesta entonces?, replicó el líder frentista.
-Si Ud. gana nosotros votamos el Frente; si nosotros ganamos, Ud. vota a los blancos, propuso el paisano.
Entonces Vázquez y Víctor Rossi aceptaron el reto. Formaron una pareja y jugaron contra los parroquianos de Guichón. Ganó Vázquez y a la tarde los paisanos aparecieron en el acto del Frente Amplio y le llevaron a Vázquez la silla en la que se había sentado durante el partido para firmarla.
La silla hoy es el máximo trofeo de ese boliche.


Datos extraídos del libro “Tabaré Vázquez, misterios de un liderazgo que cambió la historia”, de los periodistas Edison Lanza y Ernesto Tulbovitz.