lunes 3 de octubre, 2022
  • 8 am

Insoportable

Padre Martín Ponce de León
Por

Padre Martín Ponce de León

38 opiniones

Por el Padre Martín Ponce De León
Resulta muy difícil ser indiferente a sus discursos futboleros.
Discursos que desarrolla mientras observa cualquier partido de fútbol o como derivado de cualquier otra conversación.
Puede estar mirando una película o el informativo y siempre encuentra oportunidades para derivar en un discurso futbolero que, invariablemente, es el mismo.
La protagonista de cualquier película es, siempre, la hermana del técnico de alguno de los cuadros grandes de la capital.
Los jugadores de cualquier equipo que esté disputando algún partido, en el lugar del mundo que sea, fue jugador de alguno de los cuadros más conocidos de la capital y lo echaron por “pata dura”
Según su opinión, los responsables de cualquier accidente o crimen que sea noticia en algún informativo son los hinchas de cualquiera de los dos equipos arriba aludidos.
Esos discursos pueden durar varios minutos y son pronunciados a viva voz.
Una y otra vez reitera, a los gritos, un discurso que resulta muy difícil de entender a no ser que lo escuche en varias oportunidades.
Por un mismo campeonato suelen jugar equipos del fútbol capitalino, el Mineiro, algún cuadro mejicano, los panameños y hasta de Japón.
Mirando fútbol europeo puede concluir en que el ganador de dicho encuentro se queda con la copa que le entregaron a algún equipo del futbol uruguayo.
Todos los árbitros son comprados por Nacional o Peñarol (sean árbitros de la liga inglesa, española o alemana) salvo el “alto de Brasil”
Hay equipos que no tienen jugadores y deben pedir prestado, a otros cuadros, jugadores como para poder disputar el partido que está mirando.
También puede informar sobre el dinero que algún cuadro le pidió a otro para poder jugar, a cancha cerrada, los partidos que le quedan. En oportunidades es la cantidad de “cinco mil pesos” (y ello es mucha plata). En oportunidades son “quince mil pesos” (¿Quién va a pagar esa millonada?)
No faltan los análisis de los diversos jugadores que, casualmente, son imposibles de identificar. “El siete está jugando para la escarcha” “El rubio hiede a bicho” “El alto es de acá (hace un gesto obsceno)”
Los árbitros, todos han tenido problemas con los hinchas y están lastimados por culpa de tales enfrentamientos y varios de ellos “están presos” por algún problema de moralidad.
En los días normales he de escuchar este discurso tres o cuatro veces por jornada. Cuando tiene un algo de vino en su cuerpo estos discursos se duplican como, también, se duplica el volumen de los mismos.
Con el paso del tiempo he aprendido que resulta imposible pretender que se calle y ello resulta más imposible cuando tiene auditorio primerizo. Allí saca a relucir toda su gama de argumentos y los expone a voz en cuello.
A más de esto, que ya sería suficiente, debe llevar la contra a las opiniones de los demás cuando alguno pretende hacerle entender dice algún disparate. Se exaspera y más se aferra a su discurso. “Llévela con ésta (y se señala la cabeza)”
Lo mejor que tiene su discurso es que, en determinado momento, olvida algún nombre de un jugador o de un equipo, y pregunta. Responda lo que responda, siempre será eso que él estaba preguntando.
En oportunidades uno puede lograr no escuchar su interminable discurso pero, hay veces, en que lo suyo resulta insoportable.
Se mezcla la política con lo deportivo y lo deportivo con lo que sea. (Los “enemigos” de Ramblo (modo de llamar a Rambo) son, siempre, familiares de los jugadores de Peñarol o Nacional)
Quizás, usted, puede sonreír leyendo esto, pero me gustaría verle teniendo que escuchar esto reiteradas veces en una misma jornada y a cualquier hora puesto que lo mismo es que sean las tres de la tarde que las dos de la mañana. Allí grita su discurso despotricando contra el televisor.
Lo cierto y real es que, cuando comienza su discurso, se torna insoportable.