martes 18 de junio, 2024
  • 8 am

Los perros de Armando: Eva

Armando Guglielmone
Adiestrador Canino – Educador Etólogo
Represent. Ovejeros Alemanes Von Schutzmann
Contacto : 098 539 682
Reviendo viejas fotos hace unos días encontré una tomada en ocasión de una invitación de una escuela para realizar una exhibición y clase didáctica para los niños sobre los perros, viendo a mi hijo y su primito sacaba cálculos sobre los años transcurridos, más de veinte, y no pude menos que sentir nostalgia y emocionarme con los recuerdos.
La perra dobermann de la foto, Eva, nació un mes antes que mi hijo así que si se puede decir que crecieron juntos, física y emocionalmente y puedo aseverar que la influencia de uno sobre otro fue mutua.
Sobre los beneficios de tener un perro en nuestra vida ya he escrito en alguna ocasión y no es la idea ahora, más, si quisiera reflexionar sobre cómo influyó esta perrita en mi vida y la de los míos, Eva fue el génesis de mi profesión aunque no lo supiera yo en ese momento, recuerdo llegar de trabajar en la empresa familiar y salir presuroso con ella con solo tres meses a poner en práctica todo lo que leía en un viejo libro de adiestramiento de Passarini y regresar deslumbrado con las capacidades de ella. Lo que hoy se me ha vuelto común de obtener con los perros, en ese momento era todo novedad y sorpresa y esta perra le daba el condimento necesario por el plus de sus capacidades.
Luego pasaron los años y con ellos la vida, momentos difíciles a nivel familiar y laboral y Eva estaba ahí, apoyo emocional y carta de presentación para la profesión que comenzaba a ejercer y me daría, más que el sustento, la satisfacción diaria de trabajar con perros, ahí fue que vi la diferencia entre perros y personas y porque los primeros son mejores que los segundos. Y como no hay mal que dure cien años, los malos tiempos pasaron, volvió la felicidad familiar y en todo este tiempo Eva era partícipe de las situaciones, era catalizador emocional, soporte psicológico y niñera.
Vivió un tiempo conmigo, un tiempo con mi hermana, nos cuidó, evitó robos, provocó aplausos y admiración por sus habilidades y siempre estuvo dispuesta a acompañarnos, aun cuando había que gritarle para que nos oyera a diez metros cuando estaba medio sorda ya de vieja.
Recuerdo mis niños sentirse orgullosos y especiales cuando las personas admiraban la perrita y sabían que Eva era de ellos, es que los perros hacen eso, nos hacen mejores y más felices seres; ya entrada en años, al ver que uno se calzaba los championes y asumiendo que era porque se venía un paseo con ella, al saltar de felicidad mi hija, muy pequeñita entonces decía, que graciosa ”Laleva” como salta, dejando un nuevo recuerdo asociado a ella, uno de los últimos tal vez.
Así que vaya este recuerdo para Eva, la mía y la de muchos, las Evas que hacen nuestra vida un poco más dulce cuando lo necesitamos.