Ps. Gisela Caram
Hay una pregunta frecuente en las personas cuando pasan por una situación traumática, dolorosa, donde el sentimiento fluctúa entre el dolor y la rabia, la tristeza y el enojo, y es ¿cómo se saca todo eso?…
Dependiendo de la situación, hay formas de tramitar las emociones, todas tienen un tiempo de procesamiento y elaboración, lo importante es no quedarse por años masticando rabia o enojado con la vida.
Hay cuestiones que son “cosas de la vida”, que es normal que generen emociones fuertes como la rabia, el enojo, el dolor, pero tienen un tiempo; hay que transitarlo, integrarlo y dejar atrás, aceptando esto, como un aprendizaje.
El masticar mucho tiempo todo esto, genera un resentimiento que enferma, paraliza y no deja evolucionar y seguir el camino.
El punto es, que las emociones negativas, llegado el momento, se deben integrar dentro de uno, esto quiere decir, asimilar la situación que nos afectó.
Si sigue la rabia, no hay maduración emocional. Y esto, es fundamental para la salud integral y el desarrollo de relaciones humanas satisfactorias.
Cuando hay un malestar interno, cuando uno se siente con contradicciones porque las cosas no son como se quiere o se espera, a veces surgen emociones fuertes de rabia intensa que llevan a impulsos descontrolados sobre el otro.
Lo esperable es que el impulso vaya madurando con el tiempo, haciéndose más atenuado.
Hay afectos negativos, que quedaron enquistados, que las personas no admiten, no aceptan, y ahí se genera un problema.
La rabia, forma parte de un afecto primario, de los que se considera universales, y aparecen desde el comienzo de la vida. Así el bebé, que no tiene lenguaje aún, manifiesta sus necesidades básicas a través del llanto. Cuando no es interpretado o atendido, surge un llanto más importante, que es la rabia.
Esa rabia que aparece cuando no existe la palabra, debería ir evolucionando a lo largo del desarrollo de las personas.
A veces nos encontramos con adultos que no se pueden despegar de la rabia…hay un permanente malestar interno.
Este no poder evolucionar sentimientos negativos, a veces, es tan intensa esa bronca que se va transformando en venganza, o en buscar hacer sufrir al otro, controlándolo. Este permanecer en el tiempo castigando al otro, es una variante del odio.
La rabia devenida en odio es tortuosa para quien la tiene y quien la sostiene.
Los afectos buenos nos integran saludablemente, influyen en la no conformación de conflictos internos, y la rabia eterna se transforma en odio.
Cuando esto es muy fuerte, y domina este sentimiento negativo a todos los demás, la persona se va anclando en su propio infierno.
Ese odio puede transformarse en envidia, en algo que uno ve en el otro que el otro tiene, y es valioso o en venganza, “te mantengo conmigo, aunque no te quiera, para hacerte sufrir lo que tú me hiciste sufrir a mí”.
Se trata de integrar que el otro tiene cosas positivas y negativas y así lo acepto, y si no puedo con la rabia, lo suelto; en otras palabras, que el amor predomine sobre el odio.
Madurar emociones, buscar salidas a la rabia, a través de actividades físicas, recreativas, terapias alternativas, es una vía, como también lo es el poder hablar, sacar lo negativo y ordenarlo, expresarlo, entenderlo y procesarlo.
Sea cual sea el camino sanador, para tener otra calidad de vida y/o una manera de vivir en paz…
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