miércoles 21 de febrero, 2024
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El oratorio de Don Bosco: un estilo de vida y una vida de servicio inspirada en el carisma salesiano

Por Melisa Ferradini
El Oratorio Salesiano es la manera como se conoce a la experiencia juvenil educativa e informal inspirada en el sistema preventivo y en la persona de Don Bosco. Este puede estar dentro de una obra salesiana o no tener nada que ver con ella de manera directa con tal hila estar inspirado en los valores salesianos. La palabra «oratorio» en castellano suele crear confusiones porque fue tomada directamente del italiano por los primeros salesianos misioneros llegaron a España e Hispanoamérica hacia finales del siglo XIX. Si se carece del contexto salesiano, se entiende como «lugar para hacer oración», «capilla», «ermita» u otras cosas similares. Por esta razón se utiliza como «Oratorio Salesiano» o «Centro Juvenil Salesiano». Para saber más del trabajo loable que realizan recibimos en la redacción de CAMBIO a un grupo de jóvenes participantes de Oratorios y comunidades salesianas en diferentes barrios de nuestro departamento con el fin del hacer el bien por el otro.
AMOR Y TRABAJO
Testimonios de amor y trabajo por los demás. Les detallamos quienes nos visitaron, a qué comunidad pertenecen y las experiencias que viven en la misma, con el apoyo y como referente el Padre José Pérez de la Obra Social Don Bosco. Ellos son: Maicol Machado 17, San Francisco de Sales, Capilla de los Treinta y Tres, Barrio Nuevo Uruguay y Andresito; Joaquín Martinicorena Bonessi 18, Obra Social Don Bosco, “Sueño de Don Bosco” Barrio Horacio Quiroga y La Esperanza; Agustín Malvasio 16 y Valentina Acevedo 1, Capilla Ma. Auxiliadora, Barrio Artigas, “Sociedad de la Alegría” y Ana Castillo, 18, Capilla de Maternidad de María de Capilla Santa Cruz “Dar vida como María” Barrio Talleres Norte.
LA HISTORIA
El primer Oratorio Salesiano fue fundado por Don Bosco en Valdocco (un barrio de Turín), llevó el nombre de San Francisco de Sales y, tiene tanta importancia que Don Bosco escribió unas memorias sobre dicha experiencia educativa-pastoral entre 1873 y 1879, aquellas son las «Memorias del Oratorio» (MO). Para Don Bosco el «oratorio» era un elemento muy importante y siempre se referirá a éste en numerosos de sus escritos. Don Bosco decía… ¿Sabéis que es lo que desea de vosotros este pobre anciano que ha consumido toda su vida por sus queridos jóvenes? “Pues solamente que, guardadas las debidas proporciones, vuelvan a florecer los días felices del antiguo oratorio. Los días del amor y la confianza entre jóvenes y superiores; los días de los corazones abiertos con tal sencillez y candor, los días de la caridad y de la verdadera alegría para todos. Necesito que me consoléis dándome la esperanza y la palabra de que vais a hacer todo lo que deseo para el bien de vuestra alma”.
LA IMPORTANCIA DEL ORATORIO
Se llega a los oratorios por la invitación de otros jóvenes que han vivido o viven esa experiencia. Los oratorios son espacios de encuentro para niños, adolescentes, y jóvenes en situación de empobrecimiento y vulnerabilidad social, llevado adelante por jóvenes animadores voluntarios. Permite el disfrute de actividades recreativas y de reflexión. Propone valores cristianos y ayuda a encontrar sendos en la vida de los niños y los animadores. Busca la integración, el reconocimiento, y la generación de oportunidades sociales para todos. Somos un grupo de 25 jóvenes que trabajamos con los niños en 3 grupos.
Son grupos de 2 a 5 años de 5 a 10 años y después están los más grandes. Los animamos y reunimos a los niños de diferentes edades para trabajar en diferentes actividades. Es una experiencia divina trabajar con ellos. “Nuestro objetivo es que el día sábado que es cuando nos juntamos sea distinto. Cambiarles el día sábado. También nosotros disfrutamos de ese día distinto al verlos a ellos felices disfrutando ese día. La familia sabe de nuestra tarea y les gusta que estemos ahí”, nos relata Maicol. El Oratorio escapa a ese día que vamos que es el sábado que es cuando vamos al barrio, nos detalla Joaquín. El oratorio es un estilo de vida. Uno tiene que vivir o intenta vivir una vida de servicio. A mi entender es la forma de vivir a Dios. Uno como joven a veces se desencanta de la iglesia que son históricas y están bien para muchas otras cosas.
UNA EXPERIENCIA INCREÍBLE
Pero como jóvenes poder vivir de esta forma a Dios. Ayudando, con los niños, estando en el barrio e integrándose a las familias del barrio. “Para muchos de nosotros que somos animadores muchas situaciones que vivimos en el barrio nos transforma. Es una experiencia increíble y enriquecedora. A muchos de nosotros que vivimos en otra realidad, que sabemos en la realidad que se vive, cuando ingresas a esa realidad ahí te das cuenta que hay algo más. Que esas personas te necesitan y que vos los necesitas a ellos. Por qué muchas veces te dejan ellos más enseñanzas de lo que vos le estas transmitiendo a ellos”, enfatiza Joaquín. La realidad o circunstancia del barrio te va llevando a que se acerquen de variada edad. Unos organizan actividades y propuestas e intentamos canalizar para edades diferentes. No siempre se logra pero lo intentamos y buscamos la forma de atraer a todos. Somos 25 jóvenes que participamos. Nosotros nos sentimos como una “luz” para ellos.
SER ANIMADOR
Y TRANSMITIR
FELICIDAD
“Ser animador es parte de pertenecer al oratorio. Es un muy gratificante y nos conmueve el cariño que los niños te transmiten. Ahí se ve la necesidad que los niños tienen de cariño y que lo reciben de nuestra parte. Ese cariño que no lo tienen en sus casas lo piden de parte de nosotros”, relata Agustín. “Estamos tratando que cada vez se sumen más niños a este grupo así día a día somos más”, relata con entusiasmo Valentina. “Es muy importante el apoyo que tenemos de los otros miembros de los grupos que estimulan a la formación de grupos de apoyo. Lo importante es tener el trabajo de ser constante de lo que hacemos con los niños que participan de los grupos. Por ellos el sacrificio y el compromiso. Cada vez que ves un niño que podes ayudar sentís sensaciones diferentes. Estás feliz de estar ahí y de participar. Se nota que hay niños con problemas y que necesitan de nosotros para alegrarse y eso es lo que nos motiva a crecer como oratorio. Un día que nos reunimos con ellos ya es un día de cambio en sus vidas. Ana es catequista hace años. El año pasado comenzó a ser animadora de un grupo de adolescentes, nos cuenta. Yo sentía que podía dar más por los niños.
Tengo un amor especial por ellos y quería hacer algo más por ellos. Me sentí inspirada por otros jóvenes que participan de los oratorios y me dije que es esto lo que quiero. Se ideó el proyecto y se concretó. “Cada domingo que nos juntamos se ve la necesidad de afecto mucho más que la necesidad económica. Los chicos más que compartir la merienda o la leche lo que buscan es contarte sus problemas, sus alegrías, un abrazo y que puedas conversar con ellos. Ese interés y cariño que uno le puede dar y te lo hacen saber”, enfatiza Ana. “La experiencia del oratorio es muy importante y rica en el aprendizaje. Nuestra comunidad nos ayuda y participa”, finalizan.