miércoles 21 de febrero, 2024
  • 8 am

Días para el amor

Padre Martín Ponce de León
Por

Padre Martín Ponce de León

365 opiniones

Por el Padre Martín Ponce De León
Los libros de la Biblia son ricos en la numerología.
Números que utilizan no para satisfacer un afán detallista sino para no desaprovechar nada en su afán de compartir un contenido doctrinal.
Es así como nos encontramos, entre otros, con el número cuarenta.
El número cuarenta puede indicar un período bastante largo, cuya duración exacta no se conoce. (Cuarenta días y cuarenta noches del diluvio. El tiempo que permaneció Moisés en el Sinaí. Los días del viaje de Elías. El ayuno de Cristo en el desierto).
El número cuarenta, convencionalmente, designaba los años de una generación. Hoy, sin duda ese número se ha duplicado.
Permanencia en el desierto. Años de tranquilidad de Israel después de cada liberación completa por los jueces. Años del reinado de David.
¿Qué mejor que apelar al número cuarenta para invitarnos a vivir un tiempo fuerte de amor?
Se nos quiere encaminar hacia, en la Pascua, el nacimiento de un hombre nuevo por ello es que se nos invita a vivir un tiempo de conversión, de cambio.
Durante muchos años, este tiempo, era como el constante agigantarse de un dedo acusador que señalaba, hacía tomar conciencia, humillaba.
Sin duda que esta es una visión que puede tenerse mirando desde hoy el ayer. Pero respondía a toda una concreta de la espiritualidad de una época.
Gestos, símbolos, realidades externas que servían como ayuda de una vivencia interior pero…….. en oportunidades se corre el riesgo de que todo se limite a realidades externas.
Cuando las realidades externas quedan vacías de contenido pierden sentido con pasmosa facilidad.
La Iglesia insiste en este apelar al número cuarenta.
Vuelve a invitarnos a vivir un tiempo fuerte de conversión, renovación y cambio.
No es un tiempo donde nos podemos quedar en realidades externas puesto que la conversión dice del interior, de lo profundo de cada uno de nosotros.
La necesidad de la conversión dice de nuestra misma fe. Siempre estamos necesitados de conversión. Este es un tiempo fuerte para ello.
La conversión es una respuesta de amor ante el hecho de descubrirse amado por Dios y, por ello, con la necesidad de agradarle.
La conversión es un intento constante por acortar esas distancias o diferencias entre nuestro actuar y el actuar de Cristo.
Es permitir a la coherencia crecer y vivir en cada uno y así crecer y vivir en nuestro actuar.
¿De qué otra forma podemos, realmente, agradar y servir a ese Cristo en quien creemos? Lejos, muy lejos, de experimentar a un dedo acusador señalándonos se siente la caricia del Padre Dios que nos ofrece, como siempre, una nueva oportunidad.
Cada uno sabrá a cuál de sus realidades interiores habrá de atender para poder esforzarse en el empeño de una mejora.
Cada uno habrá de establecer las tácticas y las estrategias para llevar adelante ese empeño en el que se compromete. Quizás se deba apelar al ingenio para buscar esos elementos que pueden ayudar a transitar este tiempo de amor con provecho.