Dios con nosotros
Por el Padre Martín Ponce de León.
“Buenos días. ¡Me puedo sentar aquí? Espero no molestarte”. Así comenzó nuestro encuentro aquella mañana. Yo con mi termo y mate y él con su presencia particular. Imposible poder determinar con certeza su edad puesto que, los golpes de la vida, le hace parecer mayor de lo que realmente es, pero, me inclino a suponer que es relativamente joven. “¿Salió de allí?” Con su cabeza señala al templo que se encuentra frente a nosotros. Le contesto afirmativamente. “Andaba temprano por allí” no es una pregunta sino una constatación ya que hace muy poco rato que se abrieron las puertas del templo. Le explico que soy cura y que vivo en el edificio del colegio que se encuentra pegado al templo. Me pregunta mi nombre y se lo digo y es, entonces, cuando él me dice: “Yo tengo dos nombres, pero más me gusta el segundo pues es “Dios con nosotros” “¿No me digas que te llamas Emanuel?” “Sí, ese es mi nombre”. A partir de ese momento la conversación pasó a ser un monólogo donde me relató diversos trozos de su historia personal.
Estábamos en esa conversación cuando se acercó una señora a saludar. Saludos y continúa con su conversación puesto que él conoce a la persona de quien esa señora viene a hablarme. Cuando llega la hora y debo retirarme lo despido y él me recuerda su segundo nombre y yo le digo: “Sí, Dios con nosotros porque está en vos y en cada uno de nosotros, aunque no lo tengamos por nombre”.
En la misa me venían a la mente algunas de sus frases y trataba de no pensar en la conversación para no distraerme de lo que estaba celebrando, pero sabía que la eucaristía había comenzado en el banco de la plaza y con el encuentro con aquellas dos personas. Una a quién acababa de conocer y la otra a quien conozco desde hace tiempo. Ambas podrían llevar el mismo nombre ya que es lo que hacen. Una porque así lo dispusieron sus progenitores y la otra por actitud de vida. Dios con nosotros es una realidad que debemos asumir y vivir en consecuencia. La fe es la experiencia personal de Dios con nosotros y la actitud vital que tal realidad nos implica. Es experimentar que nunca estamos solos puesto que Él siempre nos acompaña. Está en nosotros saberlo descubrir. Es experimentar que no está con nosotros para castigarnos por nuestros errores sino para ayudarnos a que tomemos conciencia de los mismos e intentemos superarlos. Es experimentar que constantemente está respetando nuestra libertad, pero, también, brindándonos nuevas oportunidades para que enmendemos nuestros desaciertos. Es experimentar que no nos apabulla con su presencia, sino que nos permite realizarnos como personas en cuanto crezcamos y maduremos como seres humanos.
Es experimentar que constantemente está formando parte de nuestra vida para que lo encontremos en el encuentro desinteresado con el otro. Siempre que salimos de nosotros mismos y nos brindamos a quien nos necesite, sin duda, nos encontramos con Dios. Tiene algo para decirnos y su palabra está llena de aliento, esperanza y confianza puesto que, la suya, es una palabra colmada de amor y comprensión. Sin dudas era Él sentado en el banco de la plaza esperándome para que sentado a su lado aprendiese de la vida. Sin duda era Él que se acercó a hablar, con una sonrisa a flor de piel, para que aprendiese de solidad y generosidad. Dios siempre está junto a nosotros y jamás nos abandona por más que lo abandonemos.