Miércoles 12 de agosto, 2020
  • 8 am

El cambio

César Suárez
Por

César Suárez

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Por el Dr. César Suárez
En cualquier comunidad suceden cosas como consecuencia de la combinación aleatoria o intencionada de infinidad de acontecimientos que siempre llevan a un resultado.
Nadie sabe con certeza como será el día de mañana porque está sujeto a la combinación de lo que aporta la naturaleza y la participación de cada uno de los actores sociales. Será el diario del día siguiente el que tendrá la información de los sucesos más relevantes de lo acontecido en el día anterior, sin embargo, de acuerdo al tipo de organización que tenga cada comunidad el resultado podrá ser más o menos previsible sobre todo si el conjunto de individuos actúa en forma coordinada o menos previsible si lo hace en forma caótica.
Cada comunidad está compuesta por muy numerosas organizaciones, comenzado por la organización familiar, vecinal, empresarial, políticas, entidades sociales, educativas, de fomento, de esparcimiento, deportivas y cada núcleo se da su propia organización.
La experiencia demuestra que cuando más planificado está cualquier emprendimiento el resultado inevitablemente será mejor que si procede en forma desorganizada.
No todo el mundo persigue los mismos propósitos y cuanto más dispersas están la ideas acerca de de los objetivos más caótica es la marcha del conjunto.
En ocasiones, las aspiraciones colectivas comienzan a cargarse de frustraciones, desánimos y desidia lo que afecta inevitablemente el rendimiento de cada uno y si ese estado es colectivo incidirá en forma negativa en la organización afectada, el humor colectivo se afecta se instalan situaciones de conflicto que afectan aún más el rendimiento social.
Cuando en cualquier colectivo humano se llega a ese extremo, todo el mundo comienza a pensar que se hace necesario cambiar algo.
Cuando se trata de un equipo de fútbol y los resultados no se dan, la hinchada comienza por enojarse en forma progresiva, los jugadores pierden motivación, los directivos se reprochan entre ellos, entonces llegó la hora de hacer algo y el que queda en la mira de todos es el director técnico que pasa a ser el responsable de todos los males y su cambio se hace inevitable por más buenos antecedentes que tenga y por más campeonatos que haya obtenido antes.
Con la renuncia o la desafectación del director técnico, aflojan las tensiones, se nombra uno nuevo y casi no importa mucho quien, lo importante es que sea nuevo. En ocasiones, el nuevo director técnico es uno que tuvo que renunciar tiempo atrás en otro club por malos resultados o el mismo que ya estuvo hace un tiempo en el club y se había tenido que ir por mala performance, en general solemos tener mala memoria.
A partir de ahora, la moral cambia y el ánimo de los jugadores, de la directiva y de la hinchada que vuelve a llenar las tribunas imbuidos de una nueva esperanza y como dice el refrán popular “técnico nuevo nunca pierde”, a menos, que pierda y comienza a gestarse la próxima crisis.
Sin dudas, en cualquier circunstancia es importante ordenar los ánimos colectivos en un mismo sentido para que la fuerza mancomunada empuje para el mismo lado.
Todo lo que sucede con un cuadro de fútbol sucede del mismo modo con el resto de la sociedad en toda actividad incluida la conducción política de un país sobre todo cuando la mayoría concluye que mucho de lo mismo es demasiado y entiende que es necesario cambiar y cuando ese cambio se da, se genera una expectativa mayoritaria de ventura, la sociedad se vuelve más tolerante y espera esperanzada, claro, en la mayoría de los casos, como solemos tener mala memoria, las promesas como las expectativas suelen estar siempre por encima de lo posible y cuando los “resultados” empiezan a no darse, tanto en el deporte como en la política, se comienza de nuevo a pensar que hay que hacer algo diferente y se vuelve a de nuevo a dispersar las ideas, cada uno tratando de empujar para el lado que cree que le conviene, entonces llega la hora de iniciar de nuevo el mismo ciclo reiterado.