Miércoles 3 de junio, 2020
  • 8 am

Victoria! Victoria! Victoria!

Leonardo Vinci
Por

Leonardo Vinci

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Por Leonardo Vinci.
En silencio, sin que el Gobierno recordara un acontecimiento tan importante en nuestra historia, transcurrió el 10 de enero, fecha patria de singular trascendencia.
Los nuevos descubridores del ayer, con malicia y mezquindad sin igual, tratan de minimizar la batalla de Guayabos y de desconocer a su glorioso vencedor.
Imperdonable actitud de quienes prefieren celebrar la suicida, absurda y criminal “toma de Pando” que sólo trajo lágrimas, dolor y luto.
El combate final se libró en las orillas del arroyo Guayabos, afluente del Arerunguá, en lo que es hoy territorio salteño.
Corresponde reivindicar el heroísmo de Rivera, que le dió a Artigas la más importante de las victorias de ese entonces.
Ese día de 1815 el ejército artiguista se enfrentó a las tropas centralistas porteñas que ocupaban Montevideo y parte de la provincia desde la rendición de los españoles en junio de 1814. Las fuerzas militares de ocupación porteñas no querían entregar Montevideo a los orientales y el triunfo comandado por el General Fructuoso Rivera en aquella batalla, dio inicio a la primera independencia. Días después y luego de un gran saqueo en Montevideo, los invasores se retiraban de la ciudad.
Las operaciones militares nos dejaron un territorio sin ocupación extranjera. Fue el germen de la independencia de Uruguay, que se concretaría doce años después en 1828.
Dice Barbagelata que la victoria “llevó al apogeo el poder y la influencia de Artigas; provocó la caída de Alvear, elegido el día antes del combate Director Supremo, y echó las bases de nuestra independencia. Los que se inquietan o se lamentan de no encontrar en nuestro pasado tradiciones genuinamente nacionales, son injustos, porque las tenemos en el grito de gloria de Guayabos, Sarandí, Rincón e Ituzaingó, que fueron el coronamiento del edificio, cuyos cimientos se establecieron en los campos que acaricia el Arerunguá. Desde entonces fuimos libres de hecho, gobernándonos y dirigiéndonos a nosotros mismos por primera vez.”
El mentís más rotundo a la mezquina y errónea versión que pretende minimizar la victoria de Rivera es el testimonio del testigo más conocedor de la epopeya de Artigas: Larrañaga, quien en su diario de Montevideo a Paysandú lo cita “… En este estado y prontos ya para marchar observamos que llegaba al pueblo, en tres columnas, la división que forma la derecha de la vanguardia del ejército oriental al mando del señor don Fructuoso Rivera, y que éste dirigiéndose al puerto en una canoa pequeña, y puesto de pie dentro de ella, en compañía de un oficial venía hacia nosotros. Yo deseaba mucho conocer a este joven por su valor y buen comportamiento. Él fue quien derrotó a las fuerzas de Buenos Aires mandadas por Dorrego…” Y no contento con esa mención, cuenta que a su regreso de Paysandú “… nos alojamos en la misma casa y nuestra cena fue tan parca como la primera vez que llegamos a este pueblo. En él se hallaba Rivera con su gente de guarnición, joven de buen personal, carirredondo y de bastante desembarazo y urbanidad; el fue el que mandaba en la acción de los Guayabos que ganó a los porteños…”
Ha dicho Sanguinetti “… en el momento histórico en que Buenos Aires decide definitivamente aplastar la revolución artiguista y cruzan el río, con esa determinación, Alvear y Dorrego, éste último dice que “tendrá el mayor gusto de contribuir a la destrucción de Artigas”, pero ese día, como escribió Luis Alberto de Herrera “… todos los momentos sombríos del General Rivera, todos sus atropellos aliados a todos sus pecados, huyen despavoridos ante la grandeza épica de hechos extraordinarios como el de Guayabos…”
El 10 de enero de 1815,- día memorable,- el bravo Capitán de Artigas, Fructuoso Rivera, sableó a las milicias de Dorrego, y también, a su arrogancia.
¡Gloria al gran héroe oriental!