Lunes 10 de agosto, 2020
  • 8 am

¡Qué lindo es soñar!

Gerardo Ponce de León
Por

Gerardo Ponce de León

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Por Gerardo Ponce De León
Si hay algo que el ser humano no puede perder, es la capacidad de poder soñar. Creo que si dejamos a esta cualidad de lado, perdemos mucho más de lo que ganamos, ya que estoy convencido que es uno de los grandes “motores” en nuestras vidas.
Hágame el favor de acompañarme en el siguiente razonamiento: ¿usted sueña? A lo que tenemos que contestar, siempre. Soñamos en nuestras actividades diarias, en el deporte, en la cocina, en el trabajo, en la salud, en cualquier juego de azar, en la superación del ser humano, en la política. Es decir que nuestra vida es un soñar.
Por más que se nos derrumbe, se nos de vuelta la pisada, que las cosas no salen como se había soñado, y junto a ello, planificado, seguimos teniendo, intacta nuestra capacidad de seguir soñando. Directa o indirectamente, sin quererlo, seguimos practicando esta cualidad. Un ejemplo: aquel que juega al 5 de oro, cuando tiene un pozo jugoso, sueña y hasta llega a planificar que haría si tiene la suerte de sacarlo. El que juega un boleto sorpresa, también, sueña que el boleto ganador, está en su bolsillo. No saca nada, pero espera que vuelva a haber un pozo jugoso, para volver a soñar.
Hoy día ha cambiado mucho los nacimientos; antes se soñaba hasta con el sexo que iba a tener, se miraba a la madre futura, y si estaba más linda, era varón, y se compraba ropa para ese niño. Por más tranquilidad se usaba la ropa blanca, ya que no se sabía y por las dudas, era el color de ambos sexos; se dejaba de lado la salud y se pensaba, con más o menos importancia, en el sexo, ya que traía consigo, el nombre de la criatura.
Dejamos de lado la razón, y soñamos con nuestro candidato, en la política. En un partido de fútbol, primero que gana nuestro cuadro y los goles los hace Juan o Manuel, y ya somos los mejores. En el trabajo, cumpliendo con nuestro deber, pensamos que somos los mejores, y que nuestro trabajo es muy bien visto por los jefes.
Todo, seamos jugadores o de afuera, nos lleva a la superación, a obligarnos a ser el mejor, gracias a que soñamos, que si lo hacemos de tal forma, nuestro accionar, nos lleva a lograr un propósito que hace mucho tiempo deseamos. Cuantos jugadores de fútbol, nos dicen: “Mi sueño era jugar en un cuadro grande y de ahí, saltar al exterior”.
Cuando emprendemos un negocio, el éxito nos va a acompañar, creemos que estamos capacitados para hacerlo, que le vamos a dar tal forma y la campaña publicitaria, nos va a llevar a ser los mejores, y para lograrlo le pedimos 26 horas al día.
Cuando uno se entera de los problemas de salud, que tal o cual, le pasa tal cosa, soñamos y deseamos que no nos toque, y si es un ser querido, soñamos que es algo pasajero y se va a volver a la vida normal. Y no está mal, ser así, ya que nos lleva a la superación, a la entrega, para que nuestro sueño sea realidad.
Cuando comienza un año, y cambiamos el almanaque, tendríamos que alejarnos de él, y mirar la cantidad de días que tenemos para soñar; para que se hagan realidad los mismos, sabiendo y teniendo en claro, que una cosa es el azar y el otro es producto de nuestro esfuerzo y entrega.
En la planificación real, igual cabe agregarle una cuota de “si conseguimos esto, llegamos a esto”, y me pregunto: ¿qué es esto?. No deja de ser un sueño, y nos motiva a superar barreras que pensamos que son imposibles de superar y por soñar, las superamos. ¡Que lindo es soñar!