Miércoles 3 de junio, 2020
  • 8 am

El valor de la democracia

Gerardo Ponce de León
Por

Gerardo Ponce de León

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Diario

Por Gerardo Ponce De León
Luego de que la tecnología me jugó una mala pasada, y como todas las cosas, hasta en la vida de uno sucede, no quiso más el famoso disco duro, de este aparato, lo cual me prohibió, para bien de ustedes, enviar el escrito, del miércoles pasado, al diario CAMBIO.
Mucha ha sido el agua que corrió bajo el puente; y como les comente en mi último escrito, cuando volviera al contacto con los lectores, teníamos un Presidente nuevo. Pero como siempre, los que estamos lejos, hoy día se puede seguir los acontecimientos a la distancia; ya sea por Cable, radio o alguna otra forma de comunicación. Al otro día nos enteramos que, como siempre, existen algunas personas que se desubican, que no valoran lo que realmente es la DEMOCRACIA. Lo primero que si uno no está de acuerdo, que no haga acto de presencia, que se quede en su casa; segundo, si va es porque sabe lo que va a suceder, y lo tiene que aceptar; su presencia no puede ser nunca para ofender, y como siempre, aparecen los desubicados, y para colmo de males, groseros, soeces. Hoy día la gente se encarga de usar los medios, y se sabe quién es.
No importa el apellido, de quien tuvo la suerte de no encontrarse con otro desubicado, en el otro lado, y es ahí donde comienza las disputas, que nunca terminan bien. Tampoco estoy de acuerdo, que los medios de comunicación, pasen esas groserías, porque creo que ellos pasan a ser groseros también. Pero me cuesta aceptar que la educación, hasta en eso, se va perdiendo.
A los días aparecen las disculpas de la persona que “hirió” a la gente que quería demostrar su simpatía, por alguien, totalmente opuesto a su gusto. Hay que reconocer que no es común el pedir disculpas, de reconocer, por intermedio de los medios que “lo torraron” a la gente que ofendió. A los días aparece, por los mismos medios, una persona, que dice haber estado en la marcha, a caballo, que quería acompañar a su candidato, de la forma que 3200 personas pensaron que era la mejor. Esta persona habla del cumplimiento, del personal de campo, del trabajador rural, sobre las 8 horas. Lamento que omitió en decir que cuando se trabaja a cielo abierto, existen trabajos que son imposibles de hacerlo, mirando el reloj. Que no es como una oficina que se deja un expediente para el otro día, y que no tiene consecuencias malas para nadie. Si la gente de campo, va a soltar un ganado, si quedan pocos animales para culminar el trabajo, se hacen y punto. Tampoco, teniendo buena relación, con los muchachos, tampoco hay problema, si se deja antes, ya que el trabajo anterior fue arduo.
Tendría que preguntar a la gente que siembra, que se trata de hacer equipos, y que se cumpla el horario, y en estos casos se paga las horas de más, que porque se viene una tormenta y hay que terminar, no se puede dejar para el otro día, porque si llueve no se entra, se rompe lo plantado y casi siempre, es el centro de la chacra, lo que se planta por último.
Tendría que preguntar a la gente que se dedica a la horticultura, si están plantando y viene una tormenta, ¿dejan para plantar para el otro día? En estos casos el patrón está a la par de su gente. ¿Dejamos una majada, recién esquilada al aire libre? Y le aseguro que hoy día, se paga todo eso, que el cielo abierto no deja que se guarde en un cajón o arriba del escritorio, para el otro día.
Pero lo más importante es el saber perdonar, aceptar las disculpas y esperar; pensando que son hechas de corazón, y que cualquiera puede tener en su vida, una pérdida de su dominio. En el caso del atacante, no puede ser posible que el gusto, la preferencia nos hagan perder el control, nuestro dominio y pasemos a ser unos animales. Y, reitero, que dé gracias a Dios, que nadie se bajó a atacarlo.