Para mí que le lavaron el cerebro
Por el Dr. César Suárez
De vez en cuando se suele oír la expresión “le lavaron el cerebro”, se trata obviamente de una metáfora y se refiere a acciones ideológicas que alguien le trasmite a otra persona con la que logra cambiar su percepción de la realidad que lo rodea.
En realidad, todos nacemos con la “cabeza lavada”, más bien dicho, con el cerebro limpio y a partir del nacimiento nuestro cerebro se comienza a impregnar de todo lo que lo rodea y con todos los insumos que puede captar, se va formando una noción de la realidad por sí mismo y con el aporte de todos los que “le comen la oreja” tratando de torcer la personalidad de la “víctima” para un lado o para el otro.
Todo esto demuestra que cuando se habla de “lavar la cabeza”, en realidad es exactamente al revés, la cabeza original, tempranamente, se comienza a contaminar de todo el entorno y cada uno va formando su personalidad en función de lo que recibe y de lo que razona.
La personalidad de un individuo es sumamente compleja y por naturaleza cada uno tiene la necesidad imperiosa de rodearse de sus semejantes y sobre todo ser aceptado por el resto de sus convivientes.
Somos distintos unos de otros con cierto grado de docilidad y de rebeldía. La docilidad nos lleva a aceptar lo que los demás nos proponen y la rebeldía a cuestionar cada esquema establecido en una controversia constante entre uno y otro extremo, pero la pelea constante contra el statu quo genera fatiga y más temprano que tarde y sobre todo por la necesidad de ser aceptado, la cabeza de cada uno, poco a poco, va terminando por aceptar lo que la cultura envolvente le trata de imponer hasta quedar con el cerebro impregnado, en parte por la fatiga que produce luchar contra el orden establecido y en parte por la necesidad de ser aceptado por los demás.
Cuando queremos acordar, no sólo estaremos impregnados por la cultura envolvente sino, además, cuando ya hemos sido totalmente colonizados, comenzaremos nosotros mismos a promover todo lo que cuestionamos cuando ya nuestro cerebro se contaminó.
Quizás por esta razón, cuando alguien intenta razonar “fuera de la caja” de algún modo está tratando de “lavar” las ideas preconcebidas, enjuagando el pensamiento para poder ver las cosas desde otro ángulo.
Los que ya se hicieron a las ideas preconcebidas, suelen sentirse cómodos en ese lugar y por consiguiente cuando alguien intenta cuestionar lo que todo el mundo acepta, obviamente que produce cierto grado variable de incomodidad, pero son las nuevas ideas las que van generando el ritmo evolutivo en la marcha histórica de la sociedad.
Es obvio que el pensamiento se construye con los insumos que aporta en entorno en cada lugar y cuesta mucho poder pensar con ideas propias y liberarse de las ataduras culturales para reflexionar por fuera de esa caja, pero afuera de la caja está la verdad verdadera, pero hay que salir a buscarla a la intemperie y sin duda resulta mucho más cómodo quedarse donde estamos o donde nos pusieron.
Los libres pensadores, liberados de ideas preconcebidas, terminan por coincidir en los conceptos sin importar donde hayan nacido o donde se hayan criado, mantener el cerebro limpio de ataduras es una tarea difícil y cada tanto se hace necesario lavarse el cerebro, despojarse de la impregnación percudida y comenzar a reflexionar desde la nada para intentar encontrar la verdad despojada de todo el yuyerio que se fue sembrando en forma imperceptible y que fue inclinando el pensamiento de acuerdo al viento que sopla en cada sitio, aunque sin olvidar que somos parte de lo que nos rodea.