sábado 2 de marzo, 2024
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Los cabos sueltos de las infancias y adolescencias ahora

Gisela Caram
Por

Gisela Caram

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Ps. Gisela Caram
Parte del 2020 y 2021, la mayoría de las familias con niños y adolescentes transitó la educación formal en su casa.
Al estar más tiempo en casa, con tantas tensiones e incertidumbres, es natural que la emociones de unos y otros fueran saliendo, cuestiones que expresaban y/o se canalizaban en varios espacios, se vieron reducidas y contenidas como se pudo.
Todos fuimos bombardeados con información constante sobre datos de contagios y muertes diarios.
La ansiedad se fue potenciando en todos, y cada uno, en su mundo interno, fue gestando más angustias y menos capacidad de contención.
Si bien todo el mundo googleaba qué hacer con los menores, cuántas horas de pantallas por día era lo adecuado, muchas situaciones familiares se fueron de las manos.
A la hora de convivir, educar, relacionarse, los fantasmas invisibles, silenciosos, irrumpen.
Se dieron sugerencias de cómo ir llevando las cosas y cuidar el contexto familiar, pero a veces las emocionalidades emergen, y cada uno hizo lo que pudo.
Si ya se estaba en crisis, se potenció el malestar y fueron surgiendo en “actos”.
La angustia muchas veces se manifiesta con actos agresivos, violentos. Lo que para un adulto puede ser natural, para un niño no.
La sensación de amenaza que puede sentir un niño cuando escucha gritos, el sentimiento de desprotección, riesgo, miedo, se graba en su memoria.
Cuando los gritos se van haciendo frecuentes y por lo mismo y no hay una negociación en los adultos, la angustia va en aumento. Generalmente las historias se repiten, y no con mala intención, sino porque el motorcito interior, el inconsciente, te lleva a repetir eso que quedó en el registro del dolor o de lo traumático.
¿Qué pasa hoy en nuestras infancias y adolescencias?
Hoy los chicos vuelven al ruedo, algunos con más energía que otros; algunos sacan afuera las angustias que en otros momentos se habían guardado, algunos no quieren salir.
Pesquisar qué es lo que les angustia es un hilado fino difícil de poner en palabras por ellos y de traducir por un adulto.
Muchas veces expresan el sufrimiento por vivencias que transitaron sin poder procesar en etapas de desarrollo con conductas diferentes.
Situaciones frecuentes, como la comparación entre hermanos, o la renuncia a algo, para dárselo al menor, o padres que delegan el cuidado de los hijos menores a los hermanos mayores, o el haberse sentido solos.
Discusiones entre padres, en las que los niños no pueden meterse y son siempre por lo mismo, o interminables.
Cuestiones que no son nuevas, pero fueron sentidas como violencias silenciosas con poco o nada de espacios dónde canalizar.
Cada niño necesita cosas diferentes. No sirve la misma receta con todos. Y no todos vivieron de la misma forma estos casi dos años de transición y cambios conductuales por la pandemia.
Hay situaciones que afectan la infancia y adolescencia, y van dejando huellas o marcas imborrables. Heridas que permanecen en recuerdos o bloqueos de tantas emociones difíciles de tramitar.
Esos silencios o atragantamientos por no poder hablar, se van haciendo una bola de rabia, de odio que en algún momento estallan y se van hacia quien no corresponde o hacia sí mismos.
Inseguridades.
Naturalización de peleas.
Miedo al otro.
¿Qué puede provocar todo esto a futuro?
Inseguridad, desgano, aislamiento, evasión de la realidad, conductas de riesgo, que encubren depresiones.
Hoy los más jóvenes retomaron su vida social, cumpleaños, fiestas y bailes, etc., la posibilidad de salida abrió otros aires. Sin embargo muchas angustias contenidas empiezan a salir, a manifestarse.
Hay pedidos de ayuda que no vienen claros, pero son luces rojas.
Observemos las conductas. Miremos a los ojos.
El seguir encerrados mucho tiempo, no querer ir a cumpleaños o reuniones, o los excesos de todo esto, los accidentes domésticos… observar qué cambió…
Los riesgos emocionales siempre fueron invisibles en etapas de crisis evolutivas, como lo son la infancia y adolescencia.
Sin darnos cuenta, negamos o minimizamos lo que a veces captamos.
Ese cuidado, ese límite, ese beso que se fue borrando con las nuevas formas de comportamiento, quizás es una punta por dónde empezar a acercarse…
*Psicoterapeuta Vincular