Viernes 21 de enero, 2022
  • 8 am

Nuestros errores

Gerardo Ponce de León
Por

Gerardo Ponce de León

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Por Gerardo Ponce
De León
Muchas veces tratamos de encontrar defectos en los demás, para justificar mi error o equivocación, sin darnos cuenta que nos estamos haciendo trampas, nosotros mismos, jugando al solitario ¡Como nos cuesta ver nuestros propios errores! Pero eso no es tan grave, como reconocer, tratar de solucionarlo, y eso significa pedir perdón.
Todos cometemos equivocaciones, hacemos realidad nuestra propia falacia y llegamos a tal convencimiento que discutimos y defendemos, esto que no es real. Pero el ser humano es así, y son muy contados aquellos que reconocen muy pronto su error y se corrigen, sin importarles si lo tienen que hacer público. A la mayoría nos cuesta pedir un real y sentido, que nace de nuestro corazón, y se llama PERDÓN.
Como les escribía, el miércoles pasado, las cosas que alimentan nuestro ego, soberbia, poder, consumismo, destrato, me llevan a no aceptar mi yerros y lo peor es no saber valorar al otro ser humano. Miramos su condición, aspecto, cultura, hasta llegando a darle valor a su forma de vestir. Olvidándonos de saber porque se ha llegado a ese estado. Los otros días hablaba con un cuida-coche y me contaba que sus padres “lo dieron”, que con 6 años fue obligado a hacer las bajezas que nos podamos imaginar, y si no lo hacía recibía un castigo que no le dejaba moverse por unos días. Lo que más sentía no era el castigo, sino la falta de cariño, de AMOR, ya que le trataban peor que a un animal, hasta dormía afuera, sobre unas bolsas y otras eran su abrigo.
No les escribo de que la mayoría llega a esto, sino que desconocemos e ignoramos, realidades que se viven muy cerca de nosotros Pero lo que sí es muy cierto que lo primero que vemos es su apariencia, sus ropas, su dejadez; desconociendo todo el “carnaval” que llevan por dentro. Somos incapaces de preguntarle si le podemos ayudar en algo, sabiendo que lo que le puede hacer muy bien, es ser escuchado, que desembuchen todo lo que tienen en su corazón ahogándolo.
Buscamos lejos de nosotros las soluciones y cabe muy bien un escrito que me han hecho llegar:
“Al despertarme esta mañana me preguntaba”
¿Qué voy hacer con mi vida?
Y ahí mismo en mi habitación encontré la respuesta……
El techo me dijo: tú puedes llegar alto.
La ventana me dijo: observa y disfruta lo maravilloso que hay en el universo.
El reloj me dijo: valora cada segundo de tu vida cuenta.
El espejo me dijo: auto-examínate antes de actuar.
El calendario me dijo: actualízate y vive el presente.
La puerta me dijo: abre la mente y el corazón para luchar por tus metas.
El piso me dijo: arrodíllate y nunca te olvides de orar y agradecer a Dios”
Tengo la impresión que estoy frente a un resumen de lo que les quería escribir hoy, preocuparnos, tener en cuenta y agradecer. Si cada mañana logramos hacer realidad esto, vamos a llegar al perdón a reconocer nuestros errores ya que cada mañana vamos a conseguir mirar hacia nuestro interior para comprender y valorar todo lo que tenemos y entender a quienes nos rodean, ya que nos damos cuenta que están para nuestra realización como personas. Con todos nuestros errores y virtudes, nuestra entrega y mezquindad, sabiendo que nos equivocamos como cualquiera, pero con la virtud de pedirle a Dios fuerza, coraje y humildad.
Lamento no tener el autor de este pensamiento, ya que tengo la obligación de poner el nombre del autor. Les deseo a todos, aunque parezca mentira un muy feliz último mes del año.