lunes 3 de octubre, 2022
  • 8 am

“La bala es lo de menos, lo que duele es quien dispara”

Dr. Pablo Perna
Por

Dr. Pablo Perna

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Por el Dr.
Pablo Perna
El sábado 23 de febrero de 1991, el ex presidente argentino Raúl Alfonsín se encontraba en plena campaña electoral, cuando estaba parado en el escenario para hablar al público, se acerca al palco una persona de 29 años de edad, entreverándose entre la multitud, saca su arma calibre 32, a pocos metros de Alfonsín y le dispara. El arma hace un sonido pero la bala no sale, por lo que su custodio más cercano, lo tira al ex presidente inmediatamente al suelo cubriéndolo con su cuerpo por eventuales disparos de otros, mientras que el resto de los custodios reducen al atacante.
Declara hoy el guardaespaldas, de 62 años de edad, que tenían pronto el vehículo para evacuarlo del lugar por temor de que no fuese únicamente uno solo agresor, pero Alfonsín se levanta del piso, se acomoda el traje y sigue dando su discurso.
Luego del episodio el ex presidente minimiza los hechos tratando de llevar calma a la Nación, sosteniendo que se trataba de la obra de un “loco suelto”, cuando en verdad había razones más que suficientes para asesinarlo por venganza, en virtud que durante su presidencia había enjuiciado a la cúpula militar de la Dictadura Argentina y a los jefes guerrilleros. Sobre el agresor, era un ex gendarme, que mientras estaba preso se informó que sufría de depresión y tiempo más tarde aparece muerto por presunto suicidio, ahorcado con sus propias sabanas.
El pasado jueves 1º de setiembre, también en horas de la noche, ante un numeroso público que recibía a la ex presidenta y actual vicepresidenta de la República Argentina, Cristina Fernández, en la puerta de su casa, un hombre de 35 años, entreverándose en el público, apunta con su un arma, también calibre 32 y le dispara, pero al igual que había sucedido hacia 31 años atrás con Alfonsín, la bala no sale. Estas fueron las únicas semejanzas, en virtud que los hechos que vinieron con posterioridad alimentan todo tipo de sospechas en sostener que se trató de un montaje.
La ex presidenta tenía hasta antes del hecho, 80 personas efectivas para su custodia, hoy después de los hechos se ha aumentado a 100; 10 efectivos se encontraban en ese momento junto de ella, pero ninguno advirtió que el atacante, ex integrante de la Campora, Fernando André Sabag Montiel, le había intentado disparar; ninguno de la custodia tira al suelo a Fernández protegiéndola con su cuerpo, ninguno trata de evacuarla del lugar por una presunta emboscada, ninguno de los custodias detiene al agresor, es detenido por un manifestante y luego por la policía; lo detienen y sorprendentemente lo ingresan a un vehículo policial sin esposarlo.
La dosis de misterio se suma cuando se pretende realizar la pericia al teléfono móvil del atacante para obtener infamación básica, pero siendo custodiado por la Policía de Seguridad Aeroportuaria, es reseteado perdiéndose toda información. En relación al arma, de las pericias surge que había sido disparada recientemente por existir restos de pólvora, pero en la mano izquierda del agresor tatuado con el signo nazi que se observa en los videos, no surgen huellas digitales del mismo.
Claramente las criticas no se hicieron esperar, donde se denuncia que se ha tratado de una simulación para que aumentare la popularidad venida a menos de la ex presidenta y que se deje sin efecto de forma inmediata los juicios que pesan sobre ella, tal como lo ha manifestado el propio Senador kichnerista, Mayans, argumentando “para que exista paz social”.
Si suceden estos hechos lamentables en la República Argentina y a primer nivel, en nuestra aldea no nos puede sorprender las deslealtades, mentiras, falta de honor y palabra, en virtud que no existe vacuna e inmunidad contra las traiciones; tal como vi pintado en un muro en las cercanías de la Casa del Partido Colorado: “La bala es lo de menos, lo que duele es quien dispara”.