miércoles 1 de febrero, 2023
  • 8 am

Abundante calor

Padre Martín Ponce de León
Por

Padre Martín Ponce de León

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Por el Padre Martín Ponce De León
¿Cómo era tu relación con el calor?
Tu tierra y tú tiempo era rica en calor y pobre en medios para combatirlo.
Sin lugar a dudas las prolongadas jornadas de abundante calor serían muy difíciles de sobrellevar puesto no contabas con ninguna de las muchas ayudas con las que podemos contar hoy.
¿Te quejarías del calor?
La mayoría de los desplazamientos se realizaban a pie y con las luces del día a pleno puesto que la noche solamente ofrecía inseguridad y temor.
Te desplazabas a pie por terrenos áridos y carentes de frecuentes sombras. Pero era la forma en que solían hacerlo y tú no eras distinto a los demás.
Los relatos evangélicos hablan de tu sed pero nunca de tu estar incómodo ante el calor de tus jornadas.
¿Te agradaba el calor? ¿Te habías acostumbrado a convivir con él?
No tenías la posibilidad de alguna ducha reconfortante puesto que ello era un lujo inexistente. Ni siquiera podías encontrar lugares para refrescarte cada tanto puesto que el agua era uno de vuestros grandes tesoros y la misma sólo era posible encontrarla en algunas fuentes, algunos pozos o en el río y, tú, no siempre andabas por esos lugares.
Tu vida, sobre todo en los últimos años, supo tener una importante relación con el sol y, por ello, con el calor.
Como todo ser propio de su tiempo enfrentabas al calor con los rudimentarios elementos que estaban a tu alcance y, verdaderamente, eran escasos y rudimentarios.
Tan escasos y rudimentarios que uno te imagina conviviendo con el calor lisa y llanamente.
Sin lugar a dudas habrás experimentado el calor y habrás transpirado puesto que ello es un medio humano de combatirlo y tú no eras ajeno a lo humano pero me queda la intriga si te quejarías del calor abundante.
No te imagino buscando algún lugar fresco para predicar sino haciéndolo donde la gente te lo reclamase.
No te supongo buscando alguna sombra para realizar algún signo sino respondiendo a la necesidad donde la situación te lo solicitase.
No te imagino, luego de alguna caminata, llegando a algún trozo de sombra y desparramándote en ella mientras te quejabas del calor existente.
Te imagino conviviendo con el calor como convivías con la realidad. Sabiendo enfrentar la situación con naturalidad y sentido común.
Imagino tus jornadas plenas de naturalidad y buena onda.
Imagino tus jornadas aprovechando todos los momentos para brindar solidaridad y cercanía.
Sí, brindando solidaridad y cercanía pero sin quejas y protestas. Te imagino empapado en transpiración pero brindando una sonrisa y una conversación colmada de cercanía y tiempo.
Cuando llegabas hasta alguna necesidad nunca lo hacías con prisa y, mucho menos, buscando huir del sol o el calor.
Con el paso del tiempo nos hemos ido acostumbrando a instrumentos que nos insertan en un mundo donde la realidad puede mantenerse al margen.
No cuestiono a quienes pueden y utilizan tales instrumentos. Cuestiono a quienes no saben convivir con la realidad y viven en una constante queja.
Es por eso que quisiera poder dejar volar mi imaginación para suponerte y aprender de ti.
Eras una “buena noticia” y, por lo tanto, no llevarías una queja permanente ante el calor o por tener que trasladarte en medio de abundante sol.
Eras una “buena noticia” y, por lo tanto, viviendo la realidad y, con el rostro colmado de transpiración, brindando esa sonrisa que es la primera muestra de la solidaridad de Dios que se hace cercanía pese al abundante calor.