lunes 17 de junio, 2024
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Desconforme

Padre Martín Ponce de León
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Padre Martín Ponce de León

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Por el Padre Martín Ponce De León
Intelectualmente hablando aquella persona no es ninguna negada. Es lúcida y culta.
Pero lo que más llama mi atención es el hecho de que esa persona nunca está satisfecha.
Siempre encuentra motivos para su disconformidad.
Disconformidad con lo que hace o con lo que realizan los demás.
Tantas veces la he sentido manifestar su inconformismo que, debo confesarlo, ya no me llama la atención que realice tal cosa.
Sin duda que, en oportunidades, su disconformidad es razonable y entendible. Pero en oportunidades escucharle resulta desconcertante puesto que no se pueden entender tales críticas.
Supongamos que asista a una función de teatro y una de las actrices tiene un agujero en una de sus medias. Escucharle es preguntarse si vio la obra o se quedó en el detalle de la media. Parecería como que toda la obra hubiese sido una exhibición de la media rota y que nada bueno se podía esperar de una obra donde una actriz usaba una media rota.
En oportunidades sus críticas las realiza desde argumentos bien fundamentados pero, también, están las críticas que resultan carentes de sentido o de aparente ridiculez.
Hubo un tiempo en que sus críticas las tenía en cuenta puesto que me parecía importante realizar tal cosa.
Con el paso del tiempo fui dándome cuenta que sus críticas eran una realidad siempre presente en dicha persona y, por lo tanto, no podía prestarle tanta atención a las mismas.
Pasó un tiempo en que supuse que sus críticas respondían al hecho de no tener protagonismo en alguna de las realidades que eran criticadas por su persona. Mi suposición no era correcta puesto que criticaba aún aquellas actividades donde tenía un directo protagonismo o actividades en las que estaba directamente involucrada.
Sin lugar a dudas que hoy pienso en “la panzada” que con dicha persona se haría un sicólogo atendiéndole.
Estoy convencido de que sus críticas constantes no responden a otra cosa que a una permanente disconformidad con su propia persona.
Ser exigente e inconformista suelen ser realidades que ayudan al crecimiento cuando las dos condiciones van acompañadas de sentido común.
Si se carece de sentido común ambas condiciones se hacen presencia que motiva el descontento.
Hoy su conducta despierta mi atención puesto que no puedo ni debo juzgarle pero me pregunto si puede ser feliz una persona que nunca está conforme.
Sin duda que Jesús, en su propuesta, es un ser exigente ya que pide que en el actuar cotidiano pongamos lo mejor de nosotros mismos.
Pero su exigencia está colmada de sentido común y por ello sabe que no somos una máquina perfecta y que somos seres condicionados y por ello nuestro “lo mejor” depende de nuestra cotidiana situación personal.
Jesús es inconformista por ello nos pide no nos limitemos a conformarnos con nuestros logros sino que, bien lo sabemos, siempre podemos y debemos intentar mejorar.
Pero el inconformismo de Jesús está lleno de misericordia para con nuestro comportamiento. Encuentra paciencia para esperar nuestra mejora.
Por ello es que Jesús no es un constante desconforme con nosotros los humanos. En ello radica su corazón misericordioso. Nos conoce y comprende. Nos conoce y es paciente. Nos conoce y es bondadoso.
Jesús, como ya lo dijimos, es exigente e inconformista pero jamás nos critica ni critica nuestro comportamiento.
Nos brinda nuevas oportunidades puesto que, aunque nos equivoquemos, siempre podemos ser mejores como personas o mejorar nuestro actuar.
Si Él fuese como esta persona a la que hago referencia en este artículo, sin duda, estaríamos condenados a ser unos completos fracasados puesto que nada de lo nuestro podría ser positivo ya que nuestras limitaciones serían más poderosas que todos nuestros intentos.